Poesia

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27.2.15

SOBERBIAS




A través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos.

CARL GUSTAV JUNG

¿Cuál es la más horrible de las cosas horribles?
Un pedante que quiere mostrarse relajado
(Johann Goethe)

FAMA (JOHN KEATS)

La fama, como moza corrompida, es huraña
con quienes la cortejan postrados como esclavos,
mas se rinde a cualquier joven despreocupado
y chochea aún más por un ánimo en calma.

Es como una gitana: no quiere hablar con quienes
no han aprendido a estar satisfechos con ella;
es gitana de veras, nacida junto al Nilo,
cuñada del celoso Putifar: así, oh Bardos

de amor enfermos, dadle desprecio por desprecio,
artistas extraviados de amor, ¡locos que sois!
Con vuestra reverencia mejor, decidle adiós;
entonces, si le gusta, ella os perseguirá

BONITA (LUIS ALCARAZ)
VERSIÓN GERMÁN VALDEZ
Bonita como aquellos juguetes 
que yo tuve en los dias 
infantiles de ayer 

Bonita como el beso robado 
como el llanto llorado 
por un hondo placer 

La sinceridad de tu espejo fiel 
puso vanidad en ti sabes mi ansiedad 
y haces un placer 
de las penas que tu orgullo forja para mi 

Bonita haz pedazos tu espejo 
para ver si así dejo de sufrir tu altivez 

La sinceridad de tu espejo fiel 
puso vanidad en ti sabes mi ansiedad 
y haces un placer 
de las penas que tu orgullo forja para mi 

Bonita haz pedazos tu espejo 
para ver si así dejo de sufrir tu altivez
EL VERDUGO (JOSÉ DE ESPRONCEDA)
De los hombres lanzado al desprecio,
de su crimen la víctima fui,
y se evitan de odiarse a sí mismos,
fulminando sus odios en mí.
Y su rencor
al poner en mi mano, me hicieron
su vengador;
y se dijeron
«Que nuestra vergüenza común caiga en él;
se marque en su frente nuestra maldición;
su pan amasado con sangre y con hiel,
su escudo con armas de eterno baldón
sean la herencia
que legue al hijo,
el que maldijo
la sociedad.»
¡Y de mí huyeron,
de sus culpas el manto me echaron,
y mi llanto y mi voz escucharon
sin piedad!

Al que a muerte condena le ensalzan...
¿Quién al hombre del hombre hizo juez?
¿Que no es hombre ni siente el verdugo
imaginan los hombres tal vez?
¡Y ellos no ven
Que yo soy de la imagen divina
copia también!
Y cual dañina
fiera a que arrojan un triste animal
que ya entre sus dientes se siente crujir,
así a mí, instrumento del genio del mal,
me arrojan el hombre que traen a morir.
Y ellos son justos,
yo soy maldito;
yo sin delito
soy criminal:
mirad al hombre
que me paga una muerte; el dinero
me echa al suelo con rostro altanero,
¡a mí, su igual!

El tormento que quiebra los huesos
y del reo el histérico ¡ay!,
y el crujir de los nervios rompidos
bajo el golpe del hacha que cae,
son mi placer.
Y al rumor que en las piedras rodando
hace, al caer,
del triste saltando
la hirviente cabeza de sangre en un mar,
allí entre el bullicio del pueblo feroz
mi frente serena contemplan brillar,
tremenda, radiante con júbilo atroz
que de los hombres
en mí respira
toda la ira,
todo el rencor:
que a mí pasaron
la crueldad de sus almas impía,
y al cumplir su venganza y la mía
gozo en mi horror.

Ya más alto que el grande que altivo
con sus plantas hollara la ley
al verdugo los pueblos miraron,
y mecido en los hombros de un rey:
y en él se hartó,
embriagado de gozo aquel día
cuando espiró;
y su alegría
su esposa y sus hijos pudieron notar,
que en vez de la densa tiniebla de horror,
miraron la risa su labio amargar,
lanzando sus ojos fatal resplandor.
Que el verdugo
con su encono
sobre el trono
se asentó:
y aquel pueblo
que tan alto le alzara bramando,
otro rey de venganzas, temblando,
en él miró.

En mí vive la historia del mundo
que el destino con sangre escribió,
y en sus páginas rojas Dios mismo
mi figura imponente grabó.
La eternidad
ha tragado cien siglos y ciento,
y la maldad
su monumento
en mí todavía contempla existir;
y en vano es que el hombre do brota la luz
con viento de orgullo pretenda subir:
¡preside el verdugo los siglos aún!
Y cada gota
que me ensangrienta,
del hombre ostenta
un crimen más.
Y yo aún existo,
fiel recuerdo de edades pasadas,
a quien siguen cien sombras airadas
siempre detrás.

¡Oh! ¿por qué te ha engendrado el verdugo,
tú, hijo mío, tan puro y gentil?
En tu boca la gracia de un ángel
presta gracia a tu risa infantil.
!Ay!, tu candor,
tu inocencia, tu dulce hermosura
me inspira horror.
¡Oh!, ¿tu ternura,
mujer, a qué gastas con ese infeliz?
¡Oh!, muéstrate madre piadosa con él;
ahógale y piensa será así feliz.
¿Qué importa que el mundo te llame cruel?
¿mi vil oficio
querrás que siga,
que te maldiga
tal vez querrás?
¡Piensa que un día
al que hoy miras jugar inocente,
maldecido cual yo y delincuente
también verás!




SOBERBIA (PORFIRIO BARBA JACOB)

Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.



El me dio una alondra de rima encantada...

¡Yo quería mil!



Le pedí un ejemplo del ritmo seguro

con que yo pudiera gobernar mi afán.



Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...

¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.

Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...

¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!

CANTORCITO DE CONTRAMANO (LEÓN GIECO)
Vamos, vamos, cantorcito 
que andás de contramano. 
A la gente le costó mucho 
para verte triunfar. 
Y mientras vos cantabas, yo creo que tu mente 
estaba en otro lado 
contando las entradas. 
Devolvele al pueblo la canción que le sacaste 
ellos siempre están dispuestos a perdonarte. 

Quién te dijo que la gente 
se levanta alegre para ir a trabajar. 
Lamento decirte, pero estás equivocado. 
La gente sólo se ríe si le dicen la verdad. 
La verdad no debería ofender a nadie, 
el que no la acepta es porque mintiendo está. 

Yo creo que sos bueno 
y sos un padre ejemplar. 
Con eso no me meto, te deseo lo mejor 
de todo corazón, te lo digo como hermano. 
Porque a pesar de todo de la misma patria somos. 
La gente ya quiere escuchar otra canción, 
se sienten impotentes si un cantor no los defiende. 

El indio hace vasija y artesanía de barro, 
y luego van de aquí y se la compran por dos mangos. 
Eso, por ejemplo, es decir una verdad 
y quedan muchas que podrías vos cantar. 
La gente te pide que ahora pagues una entrada 
ellos quieren verse alguna vez triunfar. 

Vamos, vamos, cantorcito 
que andás de contramano. 
Tus letras siempre dicen 
que anda todo, todo bien. 
Te doy un consejo: aportá un poquito más, 
tu forma de pensar 
se quedó en el Club del Clan. 
Devolvele al pueblo la canción que le sacaste 
ellos siempre están dispuestos a perdonarte.


IMRU-LQAYS
(m. hacia 540 d.C)

Lo que queda

Cuánto certero golpe de sable,
cuánto párpado pasmado,
cuánta casida escogida
serán hueros mañana.

ELLA SOÑABA CON VIVIR EN BAHÍA (VICTOR HEREDIA)
Ella soñaba con vivir en Bahía, 
pero en San Telmo sobrevivía; 
tomaba clases de teatro independiente 
era feliz mostrando el culo a tanta gente 
inteligente. 
Tomaba leche en La Martona de Corrientes 
y se las daba de mujer independiente. 
Siempre jugó a ser una mina esclarecida 
con la política social comprometida; 
era agresiva. 
En realidad siempre sintió ser agredida; 
"En este medio todo es causa perdida". 
Mientras su amante resoplando a sus espaldas 
le prometía ser el último en forzarla, 
y rescatarla. 
Ella pensaba que era un juego este tormento, 
de abandonarlo todo en busca de otros vientos 
de comenzar de nuevo en medio de otra gente, 
en otra patria y otro cielo diferente; 
era inocente. 
Nunca empezó en las que enfrentaron seriamente 
la realidad de ser mujeres del presente; 
después de todo era una joven liberada, 
lo suficientemente bien analizada: 
era freudiana. 
Ella jugaba a la heroína de la fiaca 
y hoy hace cinco largos años que era flaca 
manda postales, sin corpiño, bien tostada, 
con cierto tono portugués en la posdata. 
Ya es bahiana, mi Mariana.

SOBERBIA (JOSÉ MIGUEL ULLÁN)
Necesidad. Capricho. Resistencia.
Hacerlo todo. Contarlo todo. Cantarlo todo. Creerlo todo.

Precisión.

Nada esperar.
PENSAR EN NADA (LEÓN GIECO)
CON LOS PIOJOS Y PAPPO
Justo ayer me di cuenta 
que solo es cuestión de plata 
mientras diez ventanillas cobran 
una sola es la que paga 

De como piensa la gente 
a veces la diferencia 
es tan grande que parecen 
seres de alguna otra tierra 

Y que me dicen de esa casa sola 
que se ve desde un avión 
quizá en la soledad no haya dolor 
de pensar, de pensar en nada 

En la oficina del trabajo 
llegando el año nuevo 
todos se pelean por 
ese maldito ascenso 

Con la cuota de frustración 
algunos la viven de rosa 
la ciudad se pone grande 
y cada vez mas peligrosa.
LOS HOMBRE HUECOS (THOMAS STEARNS ELIOT)

I
Somos los hombres huecos
Los hombres rellenos de aserrín
Que se apoyan unos contra otros
Con cabezas embutidas de paja. ¡Sea!
Ásperas nuestras voces, cuando
Susurramos juntos
Quedas, sin sentido
Como viento sobre hierba seca
O el trotar de ratas sobre vidrios rotos
En los sótanos secos
Contornos sin forma, sombras sin color,
Paralizada fuerza, ademán inmóvil;
Aquellos que han cruzado
Con los ojos fijos, al otro Reino de la muerte
Nos recuerdan —si acaso—
No como almas perdidas y violentas
Sino, tan sólo, como hombres huecos,
Hombres rellenos de aserrín.
II
Ojos que no me atrevo a mirar en sueños
En el reino del sueño de la muerte
Allí no aparecen:
Allí, los ojos son
Rayos de luz sobre una columna rota
Allí, es un árbol que se agita
Y voces
En el viento cantando
Más distantes y más solemnes
Que una estrella que se apaga.
No me dejen adentrarme más
En el reino del sueño de la muerte
Permítanme también que use
Disfraces convenientes
Piel de rata, plumaje de cuervo, maderos en cruz
Esparcidos por el campo
Comportarme como lo hace el viento
No más allá—
No ese encuentro último
En el reino crepuscular.
III
Esta es la tierra muerta
Esta es la tierra de los cactos
Aquí se erigen
Imágenes de piedra, aquí reciben la súplica
De la mano de un hombre muerto
Bajo el parpadeo de una estrella agonizante.
¿Es esto así
En el otro reino de la muerte
Despertar a solas
A la hora en que temblamos de ternura?
Labios que quisieran besar
Formulan oraciones a la piedra rota.
IV
Los ojos no están aquí
No hay ojos aquí
En este valle de estrellas moribundas
En este valle hueco
Esta quijada rota de nuestros reinos perdidos
En éste el último de los lugares de reunión
Nos agrupamos a tientas
Evitando hablar
Congregados en esta playa del tumefacto río
Ciegos, a menos
Que los ojos reaparezcan
Como la perpetua estrella
La rosa multifoliada
Del reino crepuscular de la muerte
La esperanza única
De los hombres vacíos.
V
Y damos vueltas al nopal
Al nopal, al nopal
Y damos vueltas al nopal,
A las cinco de la mañana.
Entre la idea
Y la realidad
Entre el movimiento
Y el acto
Cae la sombra
Porque Tuyo es el Reino
Entre la concepción
Y la creación
Entre la emoción
Y la respuesta
Cae la sombra
La vida es muy larga
Entre el deseo
Y el espasmo
Entre la potencia
Y la Existencia
Entre la esencia
Y el descenso
Cae la Sombra
Porque Tuyo es el Reino
Porque Tuyo es
La vida es
Porque Tuyo es
Así es como se acaba el mundo
Así es como se acaba el mundo
Así es como se acaba el mundo
No con un golpe seco sino un gemido.
LECCIONES DE URBANIDAD (JOAN MANUEL SERRAT)
Cultive buenas maneras 
para sus malos ejemplos 
si no quiere que sus pares 
le señalen con el dedo. 

Cubra sus bajos instintos 
con una piel de cordero. 
El hábito no hace al monje, 
pero da el pego. 

Muéstrese en público cordial, 
atento, considerado, 
cortés, cumplido, educado, 
solícito y servicial. 

Y cuando la cague, haga el favor 
de engalanar la boñiga. 
Que, admirado, el mundo diga: 
"¡Que lindo caga el señor!" 

Hágame caso y tome ya 
lecciones de urbanidad. 

Tenga a mano una sonrisa 
cuando atice el varapalo. 
Reparta malas noticias 
envueltas para regalo. 

Dígale al mundo con flores 
que va a arrasar el planeta. 
Firme sentencias de muerte, 
pero con buena letra. 

Ponga por testigo a Dios 
y mienta convincentemente. 
Haga formar a la gente, 
pero sin alzar la voz. 

Que a simple vista no se ve 
el charol de sus entrañas. 
Las apariencias engañan 
en beneficio de usted. 

Cultive buenas maneras 
donde esconder sus pecados. 
Vista su mona de seda 
y compruebe el resultado. 

Que usted será lo que sea 
- escoria de los mortales - 
un perfecto desalmado, 
pero con buenos modales. 

Insulte con educación, 
robe delicadamente, 
asesine limpiamente 
y time con distinción. 

Calumnie pero sin faltar, 
traicione con elegancia, 
perfume su repugnancia 
con exquisita urbanidad.
LA SOBERBIA - PIETER BRUEGHEL, EL VIEJO
DETALLE DE LA MESA DE LOS PECADOS CAPITALES - SOBERBIA - EL BOSCO
ORGULLO - JACOB MATHAM
SOBERBIA - DENIS BERRIOS
LOS PILARES DE LA SOCIEDAD - GEORGE GROSZ
CAÍN O EN EL INFIERNO DE HITLER - GEORGE GROSZ
EL BLANCO NEGRERO - GEORGE GROSZ
ACABARÉ CON TODO LO QUE ME IMPIDA SER AMO Y SEÑOR - GEORGE GROSZ