Poesia

Poesia

Páginas vistas en total

Translate

31.3.16

HOJAS










LES FEUILLES MORTES (JOSEPH KOSMAN-JACQUES PREVERT)
LAS HOJAS MUERTAS
VERSIÓN DE YVES MONTAND CON SUBTÍTULOS EN ESPAÑOL
VERSIÓN EN INGLÉS DE NAT KING COLE
VERSIÓN EN ESPAÑOL DE ENRIQUE GUZMAN
VERSIÓN EN ESPAÑOL ANTONIO PRIETO
VERSIÓN EN ESPAÑOL LOS CINCO LATINOS
VERSIÓN DE EDITH PIAF
VERSIÓN DE ANDREA BOCELLI 
Oh! je voudrais tant que tu te souviennes, // des jours heureux où nous étions amis, // en ce temps-là, la vie était plus belle, // et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui. // Les feuilles mortes se ramassent à la pelle, // tu vois, je n'ai pas oublié. // Les feuilles mortes se ramassent à la pelle, // les souvenirs et les regrets aussi. // Et le vent du Nord les emporte, // dans la nuit froide de l'oubli. // Tu vois, je n'ai pas oubli // la chanson que tu me chantais... // C'est une chanson qui nous ressemble, // toi qui m'aimais, moi qui t'aimais. // Nous vivions tous les deux ensemble, // toi qui m'aimais, moi qui t'aimais. // Mais la vie sépare ceux qui s'aiment, // tout doucement sans faire de bruit. // Et la mer efface sur le sable, // les pas des amants désunis. // Les feuilles mortes se ramassent à la pelle, // les souvenirs et les regrets aussi // mais mon amour silencieux et fidèle // sourit toujours et remercie la vie. // Je t'aimais tant, tu étais si jolie. // Comment veux-tu que je t'oublie ? // En ce temps-là, la vie était plus Belle // et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui. // Tu étais ma plus douce amie // mais je n'ai que faire des regrets // et la chanson que tu chantais, // toujours, toujours je l'entendrai !
Oh! De verdad, espero que recuerdes // aquellos días en los que éramos amigos. // En aquellos momentos la vida era más bella // y el sol brillaba más que ahora. // Las hojas secas se amontonan en el rastrillo. // Como ves, no he olvidado... // Las hojas secas en el rastrillo se amontonan, // como lo hacen los recuerdos y lamentos, // y el viento del norte los acarrea // al olvido de la noche fría. // Como ves, no he olvidado // la canción que solías cantarme. // Es una canción que nos asemeja. // Tu me amabas y yo te amaba // y ambos vivimos juntos. // Tu me amabas y yo te amaba. // Pero la vida separa a aquellos que se aman, // suavemente, sin hacer ruido, // y el mar borra de la arena // las pisadas de los amantes separados. // Las hojas secas se amontonan en el rastrillo // como lo hacen los recuerdos y lamentos, // pero mi amor, silencioso y fiel, // siempre sonrie y esta agradecido de por vida. // Te ame tanto, eras tan bella // ¿cómo quieres que te olvide? // En aquellos momentos la vida era más bella // y el sol brillaba más que ahora. // Tu eras mi dulce amiga. // Pero yo solo me he lamentado. // Y la canción que solías cantar, // siempre, siempre la escucho!

LAS HOJAS (VICENTICO)
Esas hojas que te faltan 
Las arranqué yo de tu cuaderno 
Me las llevo de allá muy lento 
Para este viaje que hoy en prendo 
Yo te dejo mi escudo azul y rojo como recuerdo 

Es lo más caro que tengo 
Se lleva todos mis sentimientos 
Ya no quedan mas palabras 
Lo que nos une solo es silencio 

Que es el unico que enseña 
Hasta que al fin se los lleva el viento 
Es la última mirada sobre lo que queda de este fuego 
Que ira a que abandono el escudo 
y en las hojas blancas de tu cuaderno 

Y ahora si me puedo ir sabiendo que dejo todo 
Y ahora si me puedo porque sé que dejo todo 
Ojalá que en el recuerdo 
Nos encontremos de cualquier modo



HOJAS DE HIERBA (FRAGMENTOS) - WALT WHITMAN

JOAN MANUEL SERRAT RECITANDO UN FRAGMENTO

Un niño me preguntó ¿qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas
¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé
Sospecho que es la bandera de mi carácter tejida con esperanzada tela verde
O el pañuelo de Dios
Una prenda fragante dejada caer a propósito
con el nombre del dueño en alguna punta para que lo veamos, y nos preguntemos ¿de quién?
O sospecho que la hierba es un niño, el recién nacido de la tierra
O un jeroglífico uniforme
 que significa crezco por igual en las regiones vastas y en las estrechas
Crezco por igual entre los negros y los blancos
Canadiense, piel roja, senador, inmigrante, a todos me entrego y a todos los recibo
Y ahora se me figura que es la cabellera suelta y hermosa de las tumbas
(...)  
Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...
y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes...
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
(...)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.
(...)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco. 

Y tú, mar... También a ti me entrego. Adivino lo que quieres decirme,
Desde la playa veo tus dedos que me invitan,
Y pienso que no quieres marcharte sin haberme besado.
Debemos estar un rato juntos: me desnudo y me llevas muy lejos de la costa,
Arrúllame y durmiendo al vaivén de tus olas,
Salpícame de espuma enamorada, que yo sabré pagarte.
Mar violento, tenaz y embravecido,
Mar de respiros profundos y revueltos,
Mar de la sal de la vida, de sepulcros dispuestos aunque no estén cavados,
Rugiente mar que, a capricho, generas tempestades o calmas,
También soy como tú: con uno y muchos rostros
Partícipe del flujo y del reflujo, cantor soy de los odios y de la dulce paz,
Cantor de los amantes que duermen abrazados
También doy testimonio del amor a mis prójimos:
¿Haré sólo inventario de todos mis objetos olvidando la casa que los tiene y cobija?
No soy sólo el poeta de la bondad, acepto también serlo de lo inicuo y lo malvado,
¿Qué son esos discursos que nos cuentan de vicios y virtudes?
El mal me sugestiona, y lo mismo la reforma del mal, mas sigo imperturbable.
¿Soy un inquisidor, un hombre que desprecia cuanto encuentra a su paso?
No soy más que aquel hombre que riega las raíces de todo lo que crece.
¿Temes que la terca preñez sólo engendre tumores?
¿Pensabas que las leyes que rigen a los astros admiten ser cambiadas?
Encuentro el equilibrio, en un lado lo mismo que en su opuesto.
Las doctrinas flexibles nos ayudan lo mismo que ayudan las más firmes,
Las ideas y acciones del presente nos despiertan y mueven,
Ningún tiempo es más bueno para mí que este ahora que me viene a lo largo de millones de siglos.
No hay nada de asombroso en las acciones buenas de antes o de ahora,
Lo asombroso es que siempre existan los malvados o los hombres sin fe.
Se borran el pasado y el presente, pues ya los he colmado y vaciado,
Ahora me dispongo a cumplir mi papel en el futuro.
Tú, que me escuchas allá arriba: ¿Qué tienes que decirme?
Mírame de frente mientras siento el olor de la tarde,
(Háblame con franqueza, no te oyen y sólo estaré contigo unos momentos.)
¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo?
Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo?
Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan,
Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
"Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos."
Y digo a la humanidad: "No te inquietes por Dios,
Porque yo, que todo lo interrogo, no dirijo mis preguntas a Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi postura tranquila ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no le comprendo,
Ni entiendo que haya nada en el mundo que supere a mi yo.
¿Por qué he de desear ver a Dios mejor de lo que ahora le veo?
Veo algo de Dios cada una de las horas del día, y cada minuto que contiene esas horas,
En el rostro de los hombres y mujeres, en mi rostro que refleja el espejo, veo a Dios,
Encuentro cartas de Dios por las calles, todas ellas firmadas con su nombre,
Y las dejo en su sitio, pues sé que donde vaya
Llegarán otras cartas con igual prontitud.



TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO (PESCADO RABIOSO)
Cuida bien al niño
Cuida bien su mente
Dale el sol de Enero
Dale un vientre blanco
Dale tibia leche de tu cuerpo 

Todas las hojas son del viento
ya que él las mueve hasta en la muerte
Todas las hojas son del viento
menos la luz del sol

Hoy que un hijo hiciste
Cambia ya tu mente
Cuídalo de drogas
nunca lo reprimas
Dale el áurea misma de tu sexo

HOJAS CAÍDAS (MERCEDES DE VELILLA)

A los primeros vientos del Otoño
las amarillas hojas se columpian
entre los huecos que dejó el follaje
al perder su verdor y su espesura.
Y van cayendo; ráfagas ligeras
del árbol las desprenden una a una,
o en recia sacudida
hienden el aire como espesa lluvia.

El suelo cubren cual crujiente alfombra;
las pisa planta ruda,
y parece que exhalan un gemido
al verse holladas en la tierra dura.
¡Ellas, antes mecidas por las auras,
besadas por el sol y por la luna
en la alta copa que adornó el espacio
como oscilante cúpula;
ellas, que, en juventud, al árbol dieron
su pompa y hermosura,
y abrigaron cual madres cariñosas,
la flor temprana, la naciente fruta;
ellas, que dieron sombra al caminante
y al ave blanda cuna,
y a los desiertos campos sus rumores,
y a los cálidos aires su frescura!

Mas llegó la vejez, llegó el invierno,
y pálidas y mustias,
como tristes despojos de la vida
las llevará del huracán la furia.
Ya giran en revuelto remolino,
se alejan o se juntan,
y al hallar un momento de reposo,
se despiden, quizás por la vez última.
No verán más sus árboles queridos:
ya el aire las empuja,
y revolando irán, lejos, muy lejos,
¡para no volver nunca!

¿Adonde, adonde irán? En varia suerte,
del viento esclavas, por distintas rutas,
y en rápido tropel luego esparcidas,
caminarán a su ignorada tumba.
Subirán unas a la enhiesta cumbre,
bajarán otras a la sima obscura;
a unas arrastrará raudo el torrente,
otras irán del mar en las espumas,
y en las aguas perdidas, o en el polvo,
no dejarán al fin huella ninguna.
¡Pobres hojas caídas,
os miro con piedad y con angustia;
vuestro fin lastimoso me presenta
del humano existir la copia justa!
También somos los seres
débiles hojas que el destino impulsa,
y arrastran las pasiones
por sendas varias, entre horribles luchas.

Al cerrar para siempre nuestros ojos
a la luz de ese sol que nos alumbra,
nuestro fin es igual, ¡oh pobres hojas!:
desparecer... morir... no volver nunca.

HOY TIRÉ VIEJAS HOJAS (NITO MESTRE)
Hoy tiré viejas hojas, 
esas que hablaban del pasado. 
Terminé de escribir 
con el último aliento a las tres, 
quedan en la mesa 
las sonrisas que dejaste 
una vez 
al despertar. 

Hoy las dulces palabras 
que faltan 
están en mi pecho, 
susurrándole al alma 
la calma que debe tener. 

Suben en las sábanas 
caricias que hoy tendrán que 
esperar 
la piel que ama y no estás. 

Hoy me tiro en la cama 
y atrapo el amor en mi 
almohada, 
sólo espero encontrarla 
de nuevo 
en el sueño de hoy, 
mirando esos ojos como brillan 
dentro mío, listos para amar, 
para amar.
HOJS SECAS (MANUEL ACUÑA)

I

Mañana que ya no puedan
encontrarse nuestros ojos,
y que vivamos ausentes,
muy lejos uno del otro,
que te hable de mí este libro
como de ti me habla todo.

II

Cada hoja es un recuerdo
tan triste como tierno
de que hubo sobre ese árbol
un cielo y un amor;
reunidas forman todas
el canto del invierno,
la estrofa de las nieves
y el himno del dolor.

III

Mañana a la misma hora
en que el sol te besó por vez primera,
sobre tu frente pura y hechicera
caerá otra vez el beso de la aurora;
pero ese beso que en aquel oriente
cayó sobre tu frente solo y frío,
mañana bajará dulce y ardiente,
porque el beso del sol sobre tu frente
bajará acompañado con el mío.

IV

En Dios le exiges a mi fe que crea,
y que le alce un altar dentro de mí.
¡Ah! ¡Si basta no más con que te vea
para que yo ame a Dios, creyendo en ti!

V

Si hay algún césped blando
cubierto de rocío
en donde siempre se alce
dormida alguna flor,
y en donde siempre puedas
hallar, dulce bien mío,
violetas y jazmines
muriéndose de amor;

yo quiero ser el césped
florido y matizado
donde se asienten, niña,
las huellas de tus pies;
yo quiero ser la brisa
tranquila de ese prado
para besar tus labios
y agonizar después.

Si hay algún pecho amante
que de ternura lleno
se agite y se estremezca
no más para el amor,
yo quiero ser, mi vida,
yo quiero ser el seno
donde tu frente inclines
para dormir mejor.

Yo quiero oír latiendo
tu pecho junto al mío,
yo quiero oír qué dicen
los dos en su latir,
y luego darte un beso
de ardiente desvarío,
y luego... arrodillarme
mirándote dormir.

VI

Las doce... ¡adiós...! Es fuerza que me vaya
y que te diga adiós...
Tu lámpara está ya por extinguirse,
y es necesario.
—Aún no—.
Las sombras son traidoras, y no quiero
que al asomar el sol,
se detengan sus rayos a la entrada
de nuestro corazón. . .
—Y, ¿qué importan las sombras cuando entre ellas
queda velando Dios?
—¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras
al lado del amor?
—Cuando te duermas ¿me enviarás un beso?
—¡Y mi alma!
—¡Adiós...!
—¡Adiós...!

VII

Lo que siente el árbol seco
por el pájaro que cruza
cuando plegando las alas
baja hasta sus ramas mustias,
y con sus cantos alegra
las horas de su amargura;
lo que siente pro el día
la desolación nocturna
que en medio de sus angustias,
ve asomar con la mañana
de sus esperanzas una;
lo que sienten los sepulcros
por la mano buena y pura
que solamente obligada
por la piedad que la impulsa,
riega de flores y de hojas
la blanca lápida muda,
eso es al amarte mi alma
lo que siente por la tuya,
que has bajado hasta mi invierno,
que has surgido entre mi angustia
y que has regado de flores
la soledad de mi tumba.

Mi hojarasca son mis creencias,
mis tinieblas son la duda,
mi esperanza es el cadáver,
y el mundo mi sepultura...
Y como de entre esas hojas
jamás retoña ninguna;
como la duda es el cielo
de una noche siempre oscura,
y como la fe es un muerto
que no resucita nunca,
yo no puedo darte un nido
donde recojas tus plumas,
ni puedo darte un espacio
donde enciendas tu luz pura,
ni hacer que mi alma de muerto
palpite unida a la tuya;
pero si gozar contigo
no ha de ser posible nunca,
cuando estés triste, y en el alma
sientas alguna amargura,
yo te ayudaré a que llores,
yo te ayudaré a que sufras,
y te prestaré mis lágrimas
cuando se acaben las tuyas.

VIII

1

Aún más que con los labios
hablamos con los ojos;
con los labios hablamos de la tierra,
con los ojos del cielo y de nosotros.

2

Cuando volví a mi casa
de tanta dicha loco,
fue cuando comprendí muy lejos de ella
que no hay cosa más triste que estar solo.

3

Radiante de ventura,
frenético de gozo,
cogí una pluma, le escribí a mi madre,
y al escribirle se lo dije todo.

4

Después, a la fatiga
cediendo poco a poco,
me dormí y al dormirme sentí en sueños
que ella me daba un beso y mi madre otro.

5

¡Oh sueño, el de mi vida
más santo y más hermoso!
¡Qué dulce has de haber sido cuando aun muerto
gozo con tu recuerdo de este modo!

IX

Cuando yo comprendí que te quería
con toda la lealtad de mi corazón,
fue aquella noche en que al abrirme tu alma
miré hasta su interior.
Rotas estaban tus virginias alas
que ocultaba en sus pliegues un crespón
y un ángel enlutado cerca de ellas
lloraba como yo.
Otro tal vez, te hubiera aborrecido
delante de aquel cuadro aterrador;
pero yo no miré en aquel instante
más que mi corazón;
y te quise tal vez por tus tinieblas,
y te adoré, tal vez, por tu dolor,
¡que es muy bello poder decir que el alma
ha servido de sol...!

X

Las lágrimas del niño
la madre enjuga,
las lágrimas del hombre
las seca la mujer...
¡Qué tristes las que brotan
y bajan por la arruga,
del hombre que está solo,
del hijo que está ausente,
del ser abandonado
que llora y que no siente
ni el beso de la cuna,
ni el beso del placer!

XI

¡Cómo quieres que tan pronto
olvide el mal que me has hecho,
si cuando me toco el pecho
la herida me duele más!
Entre el perdón y el olvido
hay una distancia inmensa;
yo perdonaré la ofensa;
pero olvidarla... ¡jamás!

XII

¡Ah, gloria! ¡De qué me sirve
tu laurel mágico y santo,
cuando ella no enjuga el llanto
que estoy vertiendo sobre él!
¡De qué me sirve el reflejo
de tu soñada corona!
¡cuando ella no me perdona
ni en nombre de ese laurel!

XIII

La que a la luz de sus ojos
despertó mi pensamiento,
la que al amor de su acento
encendió en mí la pasión;
muerta para el mundo entero
y aun para ella misma muerta,
solamente está despierta
dentro de mi corazón.

XIV

El cielo muy negro, y como un velo
lo envuelve en su crespón la oscuridad;
con una sombra más sobre ese cielo
el rayo puede desatar su vuelo
y la nube cambiarse en tempestad.

XV

Oye, ven a ver las naves,
están vestidas de luto,
y en vez de las golondrinas
están graznando los búhos. . .
El órgano está callado,
el templo solo y oscuro,
sobre el altar... ¿y la virgen
por qué tiene el rostro oculto?
¿Ves?... en aquellas paredes
están cavando un sepulcro,
y parece como que alguien
solloza allí, junto al muro.
¿Por qué me miras y tiemblas?
¿Por qué tienes tanto susto?
¿Tú sabes quién es el muerto?
¿Tú sabes quién fue el verdugo?
HOJAS SECAS (MIGUEL BOSÉ)
Un adiós en la pared, dos palabras,
algún día volveré, rabia amarga
no se es fiel con la razón... si con el alma...
Una tarde tu y yo, cuerpo a cuerpo... 
abrazado pienso en ti...es que tengo miedo...
pierdo a pulso el corazón, no te miento!
He esperado en el andén de tus ojos 
y mi voz se quiebra en dos, no hay retorno...
llueve triste dentro de mi... me llueve otoño....
Y él vuele al norte y busca su estrella
y él sueña que la alcanza y con ella muere...

Hojas secas que al pisar
me van contando mi soledad
el silencio viene y va
trae sonidos de ciudad
Bebe los vientos
vientos por ella... que ya no volverá....

Y él vuele al norte y busca su estrella
y él sueña que la alcanza y con ella muere...

Hojas secas que al pisar
me van contando mi soledad
el silencio viene y va
trae sonidos de ciudad
Bebe los vientos
vientos por ella... que ya no volverá....



HOJAS SECAS (MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA)

¡En vano fue buscar otros amores!
¡En vano fue correr tras los placeres,
  que es el placer un áspid entre flores,
  y son copos de nieve las mujeres!
Entre mi alma y las sombras del olvido
existe el valladar de su memoria:
que nunca olvida el pájaro su nido
ni los esclavos del amor su historia.
Con otras ilusiones engañarme
quise, y entre perfumes adormirme.
¡Y vino el desengaño a despertarme,
y vino su memoria para herirme!
¡Ay, mi pobre alma, cuál te destrozaron
y con cuánta inclemencia te vendieron!
Tú quisiste amar ¡y te mataron!
Tú quisiste ser buena ¡y te perdieron!
¡Tanto amor, y después olvido tanto!
¡Tanta esperanza convertida en humo!
Con razón en el fuego de mi llanto
como nieve a la lumbre me consumo.
¡Cómo olvidarla, si es la vida mía!
¡Cómo olvidarla, si por ella muero!
¡Si es mi existencia lúgubre agonía,
y con todo mi espíritu la quiero!
En holocausto dila mi existencia,
la di un amor purísimo y eterno,
y ella en cambio, manchando mi conciencia,
en pago del edén, diome el infierno.
¡Y mientras más me olvida, más la adoro!
¡Y mientras más me hiere, más la miro!
¡Y allá dentro del alma siempre lloro,
y allá dentro del alma siempre expiro!
El eterno llorar: tal es mi suerte;
nací para sufrir y para amarla.
¡Sólo el hacha cortante de la muerte
podrá de mis recuerdos arrancarla!
HOJAS DE TE (LOS TRES)
Hojas de té
No sé si sirven muy bien
Para poder hacer lo que quiero hacer
No te entendí bien
Tenías o no
La biblia también nos sirve
La fuerza o la razón

Azúcar café
Escalofríos después
Viejo y paralizado de la cabeza a los pies
Cesante otra vez

Aburrimiento sin fin
Prefiero morir en la carcel que seguir vivo aquí

Los recuerdos harán que te olvide
Los recuerdos harán que te olvide
Los recuerdos harán que te olvide
Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar

En el mismo andén
Estoy contando hasta diez
Y sin pensar demasiado piquero a la línea del tren
No caí muy bien
El tren se descarriló
Cansado, molido & consciente, no lo quiero creer

Los recuerdos harán que te olvide
Los recuerdos harán que te olvide

Los recuerdos harán que te olvide
Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar
LAS HOJAS (LUIS VIDALES)

El viento vira en los aires
sobre la hélice de la hoja.
Nadie ha visto el viento
pero las hojas van señalando su rumbo.
Da tristeza.
Para que el vuelo de las hojas
fuera a su gusto
todas deberían ir provistas
de motorcitos de mariposa.
CUANDO CAIGAN LAS HOJAS (EMILIO BALCARCE - CURIO)
VERSIÓN DE ROBERTO GOYENECHE
VERSIÓN ROSANA FALASCA
Cuando caigan las hojas 
del otoño nuevo... 
y yo esté a solas 
sin tu nombre bueno... 
Entre el cortejo 
lento de las horas 
que no pasan más... 
Qué enorme la angustia 
de la soledad... 

Entonces, 
nunca tanto como entonces 
como un duende enloquecido 
se alzará mi dolor. 
Perdido 
en un llanto contenido 
el recuerdo de tu amor 
volverá, volverá, 
por lo que hemos vivido. 

Cuando caigan las hojas 
y no estés conmigo, 
irá la ronda 
de mi pensamiento 
como alma en pena 
como hoja al viento 
llamándote... 
LA FLORACIÓN DE LOS ALMENDROS - VINCENT VAN GOGH
UN ESTUDIO DE LA CAÍDA DE LAS HOJAS - VINCENT VAN GOGH
DESNUDO, HOJAS VERDES Y BUSTO - PABLO PICASSO
BROTES OCEÁNICOS - VLADIMIR KUSH
HOJAS SOBRE MESA - ORLANDO PARDO


No sé si todos tenemos un destino, o si estamos flotando casualmente como hojas en una brisa; pero yo creo que pueden ser ambas, puede que ambas estén ocurriendo al mismo tiempo ( mensaje del final del film FORREST GUMP)