MICHAEL FASSBENDER EN UNA IMAGEN DEL FILM VERGUENZA
EL GATO SILVESTRE DE CACHORRO EN UNA ESCENA DE VERGUENZA INFANTIL
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa como la hierba a que bajó el rocío, y desconocerán mi faz gloriosa las altas cañas cuando baje al río.
Tengo vergüenza de mi boca triste, de mi voz rota y mis rodillas rudas; ahora que me miraste y que viniste, me encontré pobre y me palpé desnuda.
Ninguna piedra en el camino hallaste más desnuda de luz en la alborada que esta mujer a la que levantaste, porque oíste su canto, la mirada.
Yo callaré para que no conozcan mi dicha los que pasan por el llano, en el fulgor que da a mi frente tosca en la tremolación que hay en mi mano...
Es noche y baja a la hierba el rocío; mírame largo y habla con ternura, ¡que ya mañana al descender al río lo que besaste llevará hermosura!
SIN VERGUENZA (HUGO SALAZAR)
No me da vergüenza estar preso del encanto hechizado de tus manos de princesa. No me da vergüenza instalarme en el pasado desde cualquier escenario olvidando la apariencia. No me da vergüenza decir que te quiero aunque no me entiendas.
No me da vergüenza presumir de la torpeza de vivir ensimismado en tu belleza. Por si no te acuerdas yo me oculto en la mirada transparente que se clava disfrazando la inocencia. No me da vergüenza echarte de menos.
Aunque no me entiendas seguiré esperando los momentos que comprendas que yo vivo suspirando por tu amor. Aunque no me entiendas seguiré viviendo lo que siento a mi manera sin motivo, sin reservas, sin que duela en realidad decir que te quiero. Aunque no me quieras.
No me da vergüenza este amor descontrolado
a sabiendas que has cerrado ya la puerta. Hoy me he dado cuenta que yo nunca te he alcanzado pero al menos lo he intentado y es motivo de existencia. No me da vergüenza echarte de menos.
Aunque no me entiendas seguiré esperando los momentos que comprendas que yo vivo suspirando por tu amor. Aunque no me entiendas seguiré viviendo lo que siento a mi manera sin medidas, sin reservas, sin que duela en realidad decir que te quiero. Aunque no me quieras.
Me olvidaré de ti todos los días de mi vida. El resto de mis días me olvidaré de ti, me olvidaré de ti.
Aunque no me entiendas seguiré esperando los momentos que comprendas que yo vivo suspirando por tu amor. Aunque no me entiendas seguiré viviendo lo que siento a mi manera sin medidas, sin reservas, sin que duela en realidad decir que te quiero. Aunque no me quieras.
EL CORAZÓN MÁS PLANO DE LA TIERRA (ROBERTO JUÁRROZ)
El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
y yo tuve vergüenza de la mía.
Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados.
Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llenan de águilas.
El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada
CUESTA ABAJO (CARLOS GARDEL)
Si arrastré por este mundo
La verguenza de haber sido
El dolor de ya no ser
Bajo el ala del sombrero.
Cuántas veces, embozada,
Una lágrima asomada yo no pude contener
Si crucé por los caminos
Como un paria que el destino
Se empeño en deshacer
Si fui flojo, si fui ciego,
Solo quiero que hoy comprenda
El valor que representa el coraje de querer.
Era, para mi la vida entera
Como un sol de primavera
Mi esperanza y pasión,
Sabía que en el mundo no cabía.
Toda la humilde alegra de mi pobre corazón
Ahora cuesta abajo en mi rodada
Las ilusiones pasadas
Ya no las puedo arrancar.
Sueño, con el pasado que añoro,
El tiempo viejo que hoy lloro
Y que nunca volverá
Por seguir tras de sus huellas
Yo bebí incansablemente.
En la copa de dolor
Pero nadie comprendía
Que si todo yo le daba
En cada vuelta dejaba
Pedazos de corazón.
Ahora triste en la pendiente,
Solitario y ya vencido,
Yo me quiero confesar,
Si aquella boca mentía,
El amor que me ofrecía,
Por aquellos ojos brujos
Yo habra dado siempre más
Era, para mi la vida entera
Como un sol de primavera
Mi esperanza y pasión,
Sabía que en el mundo no cabía
Toda la humilde alegra de mi pobre corazón
Ahora cuesta abajo en mi rodada
Las ilusiones pasadas
Ya no las puedo arrancar
Sueño, con el pasado que añoro,
El tiempo viejo que hoy lloro
Y que nunca volverá
CUÁNTAS VECES, SEÑOR, ME HABÉIS LLAMADO (FÉLIX LOPE DE VEGA Y CARPIO)
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado, y cuántas con vergüenza he respondido, desnudo como Adán, aunque vestido de las hojas del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado, fácil de asir, en una cruz asido, y atrás volví otras tantas, atrevido, al mismo precio en que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos, pero si fugitivos de su dueño hierran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a veros, clavadme vos a vos en vuestro leño, y tendréisme seguro con tres clavos.
LÁGRIMAS DE SANGRE (ROBERTO JIMÉNEZ)
Te di todo lo mas que pude darte, mi nombre, un hogar y un corazón, tus ojos los veia en cualquier parte, vivia solamente para vos.
Con lagrimas de sangre me pagaste, no quiero recordar lo que pasó, Dios quiera que no tenga que encontrarte y darte la limosna de un perdón.
Si con lagrimas de sangre devolviste todo el bien que te ofrecí, poca cosa fué el hogar donde viviste, poca cosa el corazón que yo te di.
A quien puede importarle mi verguenza si es que a vos no te importo, pero un día llorarás tu pena inmensa con lagrimas de sangre como he llorado yo.
Ya dirás por ahí que no fui un santo, quien sabe en que barriales me hundrirás, tendrás para adorarte! ... no se cuantos! irás barranca abajo una vez más.
Ya se que no te llegan mis reproches, total, no te interesa el que dirán, dejame en el silencio de mi noche más noble y más honrada que tu pan.
A quien puede importarle mi vergüenza si es que a vos no,no te importó pero un dia lloraras tu pena inmensa con lagrimas de sangre, como he llorado yo.
La silbatina universal (ALEJANDRO DOLINA)
DE SUS CRÓNICAS DEL ÁNGEL GRIS
El viejo proyecto de Héctor Scarpa -ya mencionado otras veces en estas notas- consistía en establecer un día, una hora exacta, un instante preciso en que todos los habitantes del mundo silbaran a las estrellas para indicar su disconformidad con el universo.
En este sueño consumió su vida. Realizó giras, imprimió folletos, entrevistó a dirigentes políticos, solventó campañas publicitarias y -dentro de sus cortas posibilidades- recorrió el mundo.
Algunos ensayos parciales no estuvieron mal. Pero al llegar el gran día, apenas si se escucharon algunos chiflidos de sus amigos y familiares. Muchos testigos aseguran que desde el norte llegó el eco de algunos aplausos.
Ya en plena decadencia, Scarpa recorría las calles solitarias abucheando amaneceres o burlándose de la Cruz del Sur, que lo exasperaba con su sangre de pato.
VERGÜENZA AJENA (PAPPO CON RIF)
Yo no quiero ser el que te diga qué está bien y qué está mal; porque como siempre vas a hacer lo que quieras igual.
Yo no quiero ser el que esté en el medio, entre tu enfermedad y el remedio; yo no quiero ser ese, nunca más, nunca más.
La tomo con calma, mejor salvar mi alma, hay cosas que mejor no hacer; llega la mañana y no puede ser peor, a menos que se ponga a llover.
Aparte de una gran pena, siento en este momento por ti, vergüenza ajena, vergüenza ajena.
VERGÜENZA (ARIEL MONTOYA)
Nunca llegaste a través de la tarjeta postal ni me anunciaron con pretextos saludos que tu palabra tu canto y tu persuasivo aliento de prodigioso olor rondaba inadvertido entre milagros.
Me reconozco culpable de que jamás mi exilio se consoló con tu recuerdo.
Cómo se nos fueron los años, cómo se te desgranó la inocencia cómo has germinado en madre, en mujer. En otra. Cómo yo también me fui a través del tiempo esculpiendo en anónimos rostros hasta esta otra cara que hoy te enfrenta.
Casi niños, se nos cuajó el deseo en verdes besos que después maduraron en la frontera de otros labios. No podría imaginarte como eras antes, no podría mañana, imaginarte como eras ahora ¡no nos habita ningún presente puro! para esta vergüenza de apagados y moribundos rubores.
O LE DIGAS QUE LA QUIERO (ALBERTO VACCAREZZA - ENRIQUE DELFINO)
Suena, tango quejumbroso, compadrón y callejero,
como suena en la tristeza mi abatido corazón.
Y si ves a mi querida no le digas que la quiero,
porque ya me da vergüenza de pensar en su traición.
Suena, tango, y si con otra ves que bailo a tu sonido,
no le digas que me oíste tu rezongo acompañar.
Yo no quiero que ella sepa las angustias que he sufrido,
y que desde aquella tarde no hago más que sollozar.
¡Tango!...
Melancólico testigo
y el único amigo
de mi soledad.
¡Tango!...
En las vueltas del destino
quizá en mi camino
la vuelva a encontrar.
Pero entonces, sin rencores ni deseos de venganza,
mi perdón le dará abrigo y el lamento musical
de este tango hecho jirones, de dolor y de esperanza,
será el grito que la acuse de haberme hecho tanto mal.
Suena, tango quejumbroso, compadrón y callejero,
como suena en la tristeza mi abatido corazón.
Y si ves a mi querida, no le digas que la quiero,
porque ya me da vergüenza de pensar en su traición.
EN ALEGORÍA DE LA VERGUENZA: PRINCESA CARLOTA - HERMANN FIDEL WINTERHALTER