Poesia

Poesia

Páginas vistas en total

Translate

16.3.15

PLAZAS



LA PLAZA SAN MARTÍN (JORGE LUIS BORGES)
A MACEDONIO FERNÁNDEZ

En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.

Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,

bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como un ademán de hombre enlutado.

Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
—jacarandás, acacias—
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.

¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!

Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.
EL ÁRBOL DE LA PLAZA (VICENTICO)
El árbol de la plaza del barrio viejo no crece más 
Se ha quedado quietito todo pelado por qué será 
La tierra está tan seca en cualquier momento se va a quebrar 
Pareciera que el cielo se fue olvidando cómo llorar 

Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve 
Para salvar al arbolito que se muere 
Si es que está en nuestras manos traer las nubes y hacer llover
vuelvan a la vida todas las hojas que hay por crecer 

Bailen toda la noche que acá tocamos hasta amanecer 
Que siento el aguacero venir llegando a calmar la sed 
Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve 
Para salvar al arbolito que se muere 

Llueve, llueve y nadie se mueve 
Si el agua moja la plaza 
La muerte se vuelve a su casa 
Llueve, llueve y nadie se mueve 

Que si no se lloran las penas 
Se convierten en condena 
Llueve, llueve y nadie se mueve 

El árbol de la plaza del barrio viejo no crece más 
Se ha quedado quietito todo pelado por qué será 
La tierra está tan seca en cualquier momento se va a quebrar 
Pareciera que el cielo se fue olvidando cómo llorar 

Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve 
Para salvar al arbolito que se muere 
Llueve, llueve y nadie se mueve 
Si el agua moja la plaza 

La muerte se vuelve a su casa 
Llueve, llueve y nadie se mueve 
Si no se lloran las penas 
Se convierten en condena 

Llueve, llueve y nadie se mueve 
Y si después de la lluvia sale la luna 
la tierra iluminada 

Abra un sendero para seguir 
Andemos como soldados por el camino que el árbol vuelve a vivir 
Que el árbol vuelve a vivir 

Llueve, llueve y nadie se mueve 
Llueve, llueve y nadie se mueve 
Que el agua moje la plaza 
Así la muerte se atrasa 

Llueve, llueve y nadie se mueve 
Que si no se lloran las penas 
Se convierten en condena 
Llueve, llueve y nadie se mueve 

Que baile la gente que baile en la plaza 
Así la muerte se atrasa 
Llueve, llueve y nadie se mueve 
Ahora ya siento llegar la tormenta 

Así que la banda apriete con fuerza 
Llueve, llueve y nadie se mueve 
Que baile la gente que baile en la plaza 

Así la muerte se atrasa 

Llueve, llueve y nadie se mueve.
LA LOCA DE LA PLAZA (HORACIO FERRER - DANIEL PIAZZOLLA)
SÓLO LETRA

Te cuentan en Buenos Aires los jardineros con alma,
que a esa dulce viejuchita, que a la loca de la plaza
le hicieron la plaza encima porque ella está allí sentada
desde mucho tiempo antes que a la plaza inauguraran.

El sol le entibia las manos con pañuelitos naranjas
y en sus párpados hay verjas y hay una luna cuadrada.
Por la noche le revuelven el corazón las estatuas
y su amor hace una suelta de nostalgia enamorada.

La loca tiene la boca llena de niebla y, si canta,
se suicida un organito dramático en su garganta
repitiendo y repitiendo un viejo nombre, a mansalva,
ese nombre que le deja fosforescente la cara.

Los caminitos placeros de lado a lado la pasan
y le pasean por dentro las pibas enamoradas,
entonces le queda toda la chifladura valseada
y baila con el recuerdo del que no vino a buscarla.

Por eso tiene en el pecho glorietas abandonadas
y hay un charquito tristongo que la ve, cada mañana,
enterrar su propia sombra en un destello del agua
dolida y cristianamente, como se entierra a una hermana.

Te cuentan, cuando se encurdan, los jardineros con alma
que por esa viejuchita se han puesto negras corbatas
porque hace mucho, esperando, se quedó muerta sentada,
pero nadie se lo ha dicho a la loca de la plaza.

PLAZA (OLIVERIO GIRONDO)

Los árboles filtran un ruido de ciudad.
Caminos que se enrojecen al abrazar la rechonchez de los parterres.Idilios que explican cualquiera negligencia culinaria. Hombresanestesiados de sol, que no se sabe si se han muerto.
La vida aquí es urbana y es simple.
Sólo la complican:
Uno de esos hombres con bigotes de muñeco de cera, queenloquecen a las amas de cría y les ordeñan todo lo quehan ganado con sus ubres.
El guardián con su bomba, que es un “Manneken-Pis”.
Una señora que hace gestos de semáforo a un vigilante, alsentir que sus mellizos se están estrangulando en su barriga
LA PLAZA BLANCA (MARILINA ROSS)
Recuerdo cuando en la plaza 
vi a los hijos con las madres 
que cantaban y saltaban 
y jugaban a ser grandes 
que jugaban a ser grandes 
los hijos junto a las madres 

Pero llegó la tormenta 
cuando terminó el verano 
la plaza quedó desierta 
ni las palomas quedaron, 
ni las palomas quedaron. 

Solo las madres volvieron 
madres que siguen buscando 
a los hijos que dejaron 
en esa plaza jugando, 
jugando a que ya eran libres 
jugando, solo jugando 
jugando a que ya eran libres 
jugando,... solo jugando.

EN LA PLAZA (VICENTE ALEIXANDRE)

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,

sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,

llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.



No es bueno

quedarse en la orilla

como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

PLAZA GARIBALDI (ISMAEL SERRANO)
Me comentó que iluminaste Garibaldi
al bajar la ventanilla,
que tu coche casi le acaricia
al pedirle una canción,
que la rosa que pintó azul José Alfredo
se subió por tus tirantes y en tu pelo
otro motivo encontró.
Me comentó que quién le iba a decir
que se iba a enamorar
de la chica más fresa de Madrid...
Más fresa de Madrid.
Volviste al rato para quitarte años,
para pedirle candela.
Le dijiste, venga te invito a unas chelas
y me enseñas tu ciudad.
Y el mariachi sorprendido de su suerte,
te vio reír y vio a la muerte
esperándolo en el bar.
Tan cierto es como el aire que hoy respiro,
tan cierto como que Amado Carrillo Fuentes
sigue vivo,
sigue vivo.
Quedó el D.F. extraño sin tu amor
como Insurgentes sin taxis,
como el Tenampa en silencio o una flor
creciendo en la Zona Cero.
Quedan mis planes hundidos tras tu huida
como en mi pecho este humo,
como la catedral del Zócalo, mi vida,
como mi cuerpo en lo oscuro,
como mi cuerpo en lo oscuro.
De hidalgo os bebisteis horas largas
como siestas de verano.
Así que el alba te besó las manos
y Don Julio habló por él.
¿Sabes? El deber de un buen mariachi
es llevar a las damas hasta el taxi,
acompañarlas al hotel.
Te dejaste convencer y de botana
te mordió en el vocho.
Luego el postre te lo llevó hasta la cama,
te lo llevó hasta la cama.
Al tiempo he vuelto a verlo en Garibaldi
afinando la guitarra,
esperando que al bajarse la ventana de otro coche
tú aparezcas.
Nos fuimos juntos y entre bronca y caballitos
me contó esta historia,
que es la historia de un bendito que aún te sueña.
Quedó el encargo de buscarte aquí en Madrid
pa' decirte que las cosas se han torcido
desde que toma sin ti,
desde que toma sin ti.
Quedó el D.F. extraño sin tu amor
como Insurgentes sin taxis,
como el Tenampa en silencio o una flor
creciendo en la Zona Cero.
Quedan mis planes hundidos tras tu huida
como en mi pecho este humo,
como la catedral del Zócalo mi vida,
como mi cuerpo en lo oscuro,
como mi cuerpo en lo oscuro.
LA PLAZA (VICENTE ALEIXANDRE)

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas
y las reconfortaba.
Y era el serpear que se movía
como único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.
Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse
y puede reconocerse.
Cuando en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras preguntar algo a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

PLAZA DE PERROS (ATTAQUE 77)
Voy a la plaza de perros, voy a despejarme, espero
El día en la ciudad fue un infierno, y la verdad
Pesa mucho tanta sociedad
Voy a la plaza de perros, voy a reencontrarme, creo
Ya los puedo escuchar, los niños ríen de jugar
Y me vuelvo de esta realidad
Bien lejos donde ayer fui niño también
No es inmadurez, es que creciendo, la inocencia se me va

Voy a la plaza de perros, voy para verte de nuevo
Ahí donde una vez, me prometiste eternidad
Y juramos nunca mas pelear

Mi vista se nublo, lleno de emoción, me sentí feliz
Cuando dijiste. Soy tu Karma

El día en la ciudad fue un infierno y la verdad
Pesa mucho tanta sociedad
Ya se largo a llover, pronto corramos a casa
EN LA PLAZA DE ARMAS (RAMÓN LÓPEZ VELARDE)

Plaza de Armas, plaza de musicales nidos,
frente a frente del rudo y enano soportal;
plaza en que se confunden un obstinado aroma
lírico y una cierta prosa municipal;
plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido
hogar en que nacieron y murieron los míos;
he aquí que te interroga un discípulo, fiel
a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos.
¿Que se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas
que conmigo llegaban en la tarde de asueto
del sábado, a tu kiosco, y que eran actrices
de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto?
¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron
para mí, desde un marco de verdor y de rosas?
¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes?
¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas?
Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre
pálida, cuyo rostro, como una indulgencia
plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso;
me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia
de Ana, que al tutearme decía el "tú" de antaño
como una obra maestra, y que hoy me habló con
ceremonia forzada; he visto a Catalina
exangüe, al exhibir su maternal fortuna
cuando en un cochecillo de blondas y de raso
lleva el fruto cruel y suave del idilio
por los enarenados senderos... Más no sé
de todas las demás que viven en exilio.

Y por todas inquiero. He de saber de todas
las pequeñas torcaces que me dieron el gusto
de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban
para mí, en la mañana de un día claro y justo!
Dime, plaza de nidos musicales, de las
actrices que impacientes por salir a la escena
del mundo, chuscamente fingían gozosos líos
de noviazgos y negros episodios de pena.
Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas
y bobas, que vertieron con su mano inconsciente
un perfume amistoso en el umbral del alma
y una gota del filtro del amor en mi frente.
Mas la plaza está muda, y su silencio trágico
se va agravando en mí con el mismo dolor
del bisoño que sale a vacaciones
pensando en la benévola acogida de Abel,
y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
PLAZA DEL CENTRO (FRANCO DE VITTA)
Gente que habla a mi alrededor
Y niños que juegan
Y un hombre anciano sentado en un rincón
Deja bañarse por un rayo de sol
Es un día más en una plaza de centro
Los autos que van
Y un hombre hablándole a un grupo de gente
La palabra de Dios un lugar tuene el también
En una plaza del centro
Y corre la vida entre muros que palpitan
Tras las rejas de una cárcel
Bajo la mirada fija de la estatua de un valiente
Y el día que se torna caliente

Plaza del centro

Una plaza del centro con sus árboles al viento
Una iglesia y sus bancos, un correo
Y las parejas que la visitan
Las que hoy se han dado cita
Las que hablarán del amor
Y corre la vida sobre mágicos granitos
Cuántos idiomas habrán oído los árboles y las flores
Los muros ya vencidos
Y el canto enloquecido de pájaros en la tarde
Que buscan su refugio en una plaza del centro

Plaza del centro

Un periódico va transportado por el viento
Y poco a poco se va dejando solo su aliento
Cansados de esperar los que se sienten solos
Y corre la vida entre humo y policías
Mañanas será otro día en una plaza del centro.


A LA DESIERTA PLAZA (ANTONIO MACHADO)

A la desierta plaza 

conduce un laberinto de callejas. 

A un lado, el viejo paredón sombrío 

de una ruinosa iglesia; 

a otro lado, la tapia blanquecina 

de un huerto de cipreses y palmeras, 

y, frente a mí, la casa, 
y en la casa la reja 
ante el cristal que levemente empaña 
su figurilla plácida y risueña. 
Me apartaré. No quiero 
llamar a tu ventana... Primavera 
viene ?su veste blanca 
flota en el aire de la plaza muerta?; 
viene a encender las rosas 
rojas de tus rosales... Quiero verla...



LA PLAZA TIENE UNA TORRE (ANTONIO MACHADO)

“La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.
Ha pasado un caballero
-¡quién sabe por qué pasó!-
y se ha llevado la plaza,
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor”.


ANSIA EN PLAZA FRANCIA (ANDRÉS CALAMARO)
Encerrado en mi torre de marfil 
La soledad del cuarto del hotel 
Bajo el peso de mi propia ley perdí 
Mi propia ley que es el roce de tu piel. 
Esperándote con ansia en Plaza Francia 
La fragancia de tu rosa en mi pellejo 
Que no puede borrar en cuatro días 
Malditas despedidas, me están volviendo viejo 
En el ropero, dejé la campera de cuero, 
Ahora soy un torero retirado de los ruedos 
Mi dinero me lo gasto en elegancia 
Esperándote con ansia en Plaza Francia 
En mi cárcel de cristal te espero 
Mas allá del bien y del mal te quiero 
Con mi tarjeta dorada no me puedo comprar nada 
El amor no se puede pagar 
Saco pecho y camino por el techo 
Otra vez va a ser mejor comprarlo hecho al amor
PLAZA DE SAN MARCOS - VENECIA - CANALETTO
ANTIGUA PLAZA MAYOR (PLAZA DE MAYO DE BUENOS AIRES) VISTA DESDE LA RECOVA VIEJA  - CARLOS ENRIQUE PELLEGRINI 1829
FOTOGRAFÍA DE LA ACTUAL PLAZA DE MAYO  DE BUENOS AIRES
FOTOGRAFÍA DE LA PLAZA DE LA CIUDAD DE LAS HERAS - SANTA CRUZ
LA PLAZA ROJA - FEDOR ALEKSEEV
DÍA DE PLAZA  - ALFONSO X PEÑA
PLAZA DE MAYO - DAVID HEYNEMANN