Poesia

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MONTAÑA







MONTAÑAS MÍAS (GABRIELA MISTRAL)



En montañas me crié

con tres docenas alzadas.

Parece que nunca, nunca,

aunque me escuche la marcha,

las perdí, ni cuando es día

ni cuando es noche estrellada,

y aunque me vea en las fuentes

la cabellera nevada,

las dejé ni me dejaron

como a hija trascordada.

Y aunque me digan el mote

de ausente y de renegada,

me las tuve y me las tengo

todavía, todavía,
y me sigue su mirada.

LA MONTAÑA (LUIS ALBERTO SPINETTA)
Hablaré con el jardín, 
hablaré con el que se fue 
todos quieren mi montaña 
todos quieren mi montaña 
De la mitad de las sombras 
la mitad partida es siempre 
solo quedan las alturas 
solo quedan las alturas 
Trepen a los techos, 
ya llega la aurora 
trepen a los techos, 
ya llega la aurora 
Andaré por el corral 
donde no hay cautivos ya 
pagarán por mi montaña 
pagarán por mi montaña 
comeré lo que comer 
dormiré y me afeitaré 
la montaña es la montaña 
la montaña es la montaña 
trepen a los techos 
ya llega la aurora 
trepen a los techos 
ya llega la aurora.


POEMA DE LA MONTAÑA (MARINA TSVIETÁIEVA)
 (fragmentos)

"¿Te asombran mis palabras? ¡Querido!,
los que se separan hablan todos como
borrachos, y les gusta ser solemnes..."

Hölderlin


Los hombros sin montañas
¡y el alma vuela!
Déjame la pena cantar-
Vibrar.

Ni hoy, ni en adelante.
Abierto el hueco negro. Negro.
En la cima
déjame la pena cantar.

La montaña era el pecho
de un recluta segado.
Vírgenes pedía besos
y el fasto de una boda.

Pedía el océano
el caracol sonoro
interrumpido a gritos
de mando y de combate.

Soplaba la montaña:
¡No juegues con titanes!
¿Recuerdas la última casa
por los rumbos suburbanos?

¡La montaña era un mundo!,
la paz se paga cara.
Allí empezó la pena
en lo alto, en la montaña.

VII

Lloraba la montaña: qué tristeza
ser mañana lo que hoy es sangre cálida.
La montaña rogaba: no se vayan,
verte con otra no lo admitiría.

Lloraba la montaña - que sólo humo
quedará de lo que hoy es Roma y mundo.
La montaña anunciaba que con otros
pronto estaríamos, (¡no los envidio!)

Lloraba la montaña: triste fardo,
el juramento abominado en vano.
Rezaba la montaña, viejo nudo
gordiano: lo que debes, lo que amas...

Lloraba la montaña nuesta pena-
cuando sobre la frente, no en el acto,
ya no es "memento", sino el mar, ¡él solo!
Mañana, que es cuando comprenderemos.

Un rumor...como si alguien estuviera
cerca de mí ¿llorando, sollozando?
Lloraba la montaña: separados
bajaremos tú y yo por este barro-

Lo conocemos todo de la vida:
la barraca, la chusma y el mercado...
Los poemas, decía la montaña,
surgen así- lo conocemos todo...
MONTAÑA ROJA (LA RENGA)
Es tal vez como ver 
Como la vez primera 
Y queriendo atravesar 
Cruces de mil barreras 

La Montaña Roja sangra por mí 
Un cañón al río de mis venas 
La profundidad que se elevó 
Llevará de mí lo que queda 

Hacia las cumbres 
Yo pronto me vi crecer 
Hacia un cielo de estrellas 
Y un trueno con tu voz 

Roja pintó la arena 
Abrazado fuerte a mí donde voy 
Allá donde no hay fronteras 
La profundidad que se elevó 

Llevará de mí lo que queda 
Hacia las cumbres 
La Montaña Roja sangra por mí 
Un cañón al río de mis venas 

La profundidad que se elevó 
Llevará de mí lo que queda 
Hacia las cumbres 
Abrazado fuerte a mí solo voy 

Allá donde ya no hay fronteras 
La profundidad que se elevó 
Llevará de mí lo que queda 
MONT BLANC (PERCY BYSSHE SHELLEY)
FRAGMENTO TRADUCIDO POR LEOPOLDO PANERO

Nadie la ve o escucha. Ni cuando el sol retira
Su luz y copo a copo la lumbre palidece;
Ni en la callada noche que en el silencio gira
Y en las estrellas limpias hermosamente cree

Los vientos se combaten en silencio, empujando
La nieve con su aliento veloz y poderoso;
¿Pero siempre en silencio!, y al volar agrupando
Los copos en montones de blancor silencioso.

Sobre estas soledades donde nace y habita
El relámpago pasa sin voz, y su sonido
Inocente resbala por la cumbre infinita
Como niebla que flota sobre el valle dormido

Te anima, ¡oh cumbre sola!, la Fuerza la escondida
Fuerza del universo, que el alma humana llena,
Y que a su ley eterna mantiene sometida
La anchura de los cielos que en el silencio suena.

Mas ¿dónde tu ribera, tu porvenir en dónde;
Y el del mar y las rocas y las altas estrellas,
Si tras el sueño humano la soledad no esconde
Más que un rumor vacío y un desierto sin huellas?
MONTAÑA RUSA (AMARAL)
A una montaña rusa subiré 
Para cambiar el vértigo de amar 
Por la filosofía de caer 
Rendida ante un capricho del azar. 

La palma de tus manos leeré 
Me dijo una muchacha del Raval 
Pero hay cosas que no quiero saber 
Que pase lo que tenga que pasar 
Que a mí me da lo mismo. 

Perdida como un perro voy 
En busca de aventuras 
Perdida sin saber quién soy 
En la montaña rusa 
En la montaña rusa 

Y yo quise cambiar el mundo 
y, tal vez, ese mundo me cambió 
Y hay noches que me hundo entre la nada 
Para alcanzar la misma conclusión 

“No soy ninguna santa” 
Porque a veces me pierde el corazón. 
"Te pasas de la raya": 
Eso es lo que me dice la razón. 

Perdida como un perro voy 
En busca de aventuras 
Perdida sin saber quién soy 
En la montaña rusa 
En la montaña rusa 

Perdida como un perro 
En un día de lluvia 
Totalmente pérdida 
Aullándole a la luna 

Y no sé dónde voy a ir 
No hay nada que me ate aquí 
Perdida sin saber quién soy 
En la montaña rusa

LA MONTAÑA DE NOCHE (GABRIELA MISTRAL)

   Haremos fuego sobre la montaña.

La noche que desciende, leñadores,

no echará al cielo ni su crencha de astros.

¡Haremos treinta fuegos brilladores!

   Que la tarde quebró un vaso de sangre

sobre el ocaso, y es señal artera.

El espanto se sienta entre nosotros

si no hacéis corro en torno de la hoguera.

   Semeja este fragor de cataratas

un incansable galopar de potros

por la montaña, y otro fragor sube

de los medrosos pechos de nosotros.

   Dicen que los pinares en la noche

dejan su éxtasis negro, y a una extraña,

sigilosa señal, su muchedumbre

se mueve, tarda, sobre la montaña.

   La esmaltadura de la nieve adquiere

en la tiniebla un arabesco avieso:

sobre el osario inmenso de la noche,

finge un bordado lívido de huesos.

   E invisible avalancha de neveras

desciende, sin llegar, al valle inerme,

mientras vampiros de arrugadas alas

rozan el rostro del pastor que duerme.

   Dicen que en las cimeras apretadas

de la próxima sierra hay alimañas

que el valle no conoce y que en la sombra,

como greñas, desprende la montaña.

   Me va ganando el corazón el frío

de la cumbre cercana. Pienso: acaso

los muertos que dejaron por impuras

las ciudades, elijan el regazo

   recóndito de los desfiladeros

de tajo azul, que ningún alba baña,

¡y al espesar la noche sus betunes

como una mar invadan la montaña!

   Tronchad los leños tercos y fragantes,

salvias y pinos chisporroteadores,

y apretad bien el corro en torno al fuego,

que hace frío y angustia, leñadores!

LA MONTAÑA (LOS CALIGARIS)
Hoy no voy a cantarle al sol ni al mar, 
ni a las estrellas ni a casitas de muñecas, 
hoy solo quiero contar como me siento, 
estoy viviendo un día en blanco y negro. 

Así que no me vengan hablar de amor, 
porque yo soy un monumento al malhumor, 
y mi sonrisa siempre fue una mala actriz, 
Como puede una ciudad estar tan gris? 

No hay luz en casa pero con la vela alcanza 
para alumbrarme la amargura, dos o tres puntos de sutura 
no hay luz en casa pero con la vela alcanza 
Y en un revés a mi destino, un día de estos yo me animo. 

(Pity) 
Hoy no hay metáforas te voy a ser sincero, 
las cosas no me están saliendo como quiero, 
es una tarde en la que siento que una fiesta 
seria dormir treinta y cinco años la siesta. 

De vez en cuando caigo en estos agujeros, 
pide licencia el humor que siempre tengo, 
soy mil de azúcar para una sola de sal, 
tengo derecho yo a sentirme un día mal. 

No hay luz en casa pero con la vela alcanza, 
para alumbrarme la amargura, dos o tres puntos de sutura. 

Y en un revés a mi destino, un día de estos yo me animo. 

Me voy a ir vivir a la montaña, 
donde todo es poco pero igual alcanza, 
me voy a ir vivir a la montaña, 
y que me despierte el sol a la mañana. 

Me voy a ir a vivir a la montaña, 
donde todo es poco, pero igual alcanza, 
me voy a ir a vivir a la montaña 
y que me despierte el sol a la mañana


A LA MONTAÑA (ADRIAN BERRA)

SÓLO LETRA



Dicen que dormir es el ensayo de la muerte

Yo quiero estar presente para ver a donde voy a ir a parar

Cuando pueda volar sin usar aviones

Si acá llegué, de acá me voy con lo que soy

y lo que tengo no me lo puedo llevar

Conmigo a otro lugar, lo que me ata lo desato

Te dejo mis zapatos para despegar

Y ahí va, pasa mi abuela por el aire y todos mis amigos los que ya no están

A donde van, cuando se van, cuando se van

Dicen que por fin se van a la montaña

No sé si es así o desaparecen

Ya lo sé muy bien que todo pasa

Sólo que lo olvido a veces
Miro la montaña, creo verte bien
Sentado en una piedra vos también
Cuidando los jardines pensando en no volver
Y aunque ya no te veo igual te quiero ver
Y ahí va, pasa mi abuela por el aire y todos mis amigos los que ya no están
A donde van, cuando se van, cuando se van
Y ahí va, pasa tu abuela por el aire y todos tus amigos los que ya no están
A donde van, cuando se van, cuando se van

FICO FUE A LA MONTAÑA (MARTÍN BUSCAGLIA)
Fico fue a la montaña 
Juana con su padre van hasta la orilla 
Despliega su abanico 
Una música urbana 
Grabada en el pulmón de la manzana

Redoblen los timbales 
Aventuras para toda la familia 
Cuervo de los maizales 
Reina de la Vendimia 
El principe traerá memorabilia

Hoy desperté 
en un lugar 
donde jamás 
estuve 
nuevamente 
Y un corazón 
Indómito 
como un halcón 
descansó 
de 
tu guante 
Y al girar su dimmer 
el atardecer 
pudo tremolar 
ah

Hoy desperté 
y era un lugar 
donde jamás 
estuve 
como siempre 
Esta canción 
es para mí 
es ideal 
para 
ir 
sin 
pesar 
Gira ya tu dimmer 
amanecé 
para tremolar 
ah

NOCHE DE DOLOR EN LA MONTAÑA (NUMA POMPILIO LLONA)


A don Juan Valera

 Rugió la tempestad; y yo, entretanto,
 del monte al pie, la faz sobre la palma
 vertiendo acerbo inextinguible llanto,
 quedé en su pena, adormecida mi alma;
 cuando cesó el sopor de mi quebranto,
 limpio estaba el azul, el viento en calma...
 ¡y con asombro y amargura y duelo,
 alcé mi rostro a contemplar el cielo!...

 Sirio radiante sin cesar lucía;
 Saturno, inmóvil, del cenit miraba
 la vida universal... La Láctea Vía,
 que con luz taciturna centellaba
 y al orbe en ancho círculo envolvía
 de brillantes escamas, semejaba
 la infinita, simbólica serpiente
 que se está devorando eternamente...

 ¡Cuánto silencio! ¡Oh Dios! ¡Cuánto reposo!
 ¡Y cuán honda y fatal indiferencia!
 ¡Cuán extraño ese todo prodigioso
 es del hombre a la mísera presencia!...
 ¡Al comprenderlo, un pasmo doloroso
 penetra y acongoja la conciencia,
 y en sus abismos íntimos clarea
 una tremenda e implacable idea!

 Gira el mundo en el vasto firmamento
 con pompa augusta y majestad suprema,
 y se agita, en acorde movimiento,
 de los astros sin fin el gran sistema...
 ¡Y el hombre pasa, alzando su lamento,
 y de su propio ser con el problema!
 ¡Sufre y muere!... ¡y no turba su caída
 el perpetuo banquete de la vida!

 Ser inmenso encerrado en su egoísmo
 parece el universo soberano,
 o un colosal y ciego mecanismo
 que gira sin cesar; ¡y el ser humano
 -el que, entre todos, siéntese a sí mismo-,
 la arista deleznable, el leve grano,
 que va a saciar, sin que eludirlo pueda,
 la actividad de la gigante rueda!

 ¡Un resorte es, tal vez, de aquella vasta
 maravillosa máquina divina,
 mas resorte que sufre! ¡Que se gasta,
 y que siente su próxima ruina!
 ¡Ser cuya triste pequeñez contrasta
 con su instinto que a lo alto se encamina!
 ¡Que vive un día en cautiverio infando,
 eterna vida y libertad soñando!

 ¡Vive! ¡en su mente el doloroso drama
 llevando de sus propios pensamientos;
 conjunto extraño, mísera amalgama
 de opuestos y encontrados elementos;
 mezcla de sombra y de celeste llama;
 antítesis de todos los momentos;
 híbrido ser; en medio a cuanto existe,
 de la fatalidad víctima triste!

 Como el príncipe aquel infortunado
 de los extraños cuentos orientales,
 que, en su inferior mitad petrificado,
 lloraba inmóvil sus eternos males;
 a la inerte materia encadenado
 el hombre, así, por vínculos fatales,
 de las regiones ínfimas del suelo
 ¡ansioso mira y suspirando el cielo!

 Más dichosos, del ángel puro y fuerte
 no oprime el barro la sustancia aeria;
 la inmóvil planta, el mineral inerte,
 son insensible estúpida materia;
 siente el bruto los males de su suerte,
 ¡pero no a su dolor y a su miseria
 da una perpetua y céntuple existencia
 el cristal refractor de la conciencia!

 Sólo él, que se llama el rey egregio
 de la vasta creación puesto en la cumbre,
 sólo él recibe el alto privilegio
 de la razón, con que su noche alumbre;
 él tiene el pensamiento, signo regio
 que en su frente refulge, interna lumbre,
 del Universo misterioso espejo,
 y de su propio ser sombra y reflejo.

 El sol, de eterna majestad vestido,
 que nace en calma allá en el océano,
 cuando, como de amor estremecido,
 palpita y se alza su cerúleo llano;
 cuando bullente mar de oro fundido
 su faz semeja; y su vapor liviano
 flota en los aires, y escalando el monte,
 desvanece el perfil del horizonte;

 cuando, en las altas cúspides quebrados,
 hieren los dardos de oro las montañas...
 y de los hondos valles y collados
 el humo se alza ya de las cabañas;
 y el distante mugir de los ganados
 se oye, y la voz de montes y campañas;
 ¡y de la tierra la anchurosa escena
 de luz, de vida y de rumor se llena!

 Los espumosos rápidos torrentes
 que, de los montes rudos y sombríos
 relumbrando en las ásperas vertientes,
 bajan al valle; los sonoros ríos
 que, en caprichosos giros refulgentes,
 por entre bosques, pueblos y plantíos,
 se pierden en confusa lontananza...
 ¡como un sueño de amor y de esperanza!

 La hora augusta, callada y ardorosa
 del meridiano universal sosiego,
 cuando la Tierra extática reposa
 bajo su blanca túnica de fuego...
 Las sombras de la tarde misteriosa;
 de la campana el clamoroso ruego,
 mientras el sol se oculta paso a paso
 en las pompas sublimes del ocaso;

 Del labrador alegre los cantares,
 que, más feliz que próceres y reyes,
 de la diurna faena a sus hogares
 al paso vuelve de sus tardos bueyes;
 las voces de las granjas y lagares;
 el tropel y balido de las greyes
 que en silencio al redil el pastor guía,
 a las vislumbres últimas del día;

 Venus que asoma rutilante y pura
 del dudoso crepúsculo entre el velo;
 la muchedumbre de astros que fulgura
 en el profundo cóncavo del cielo,
 mientras cubre aún la tierra sombra oscura.
 ¡Y el alma siente indefinible anhelo
 bajo esa inmensa y trémula techumbre
 de viva, ardiente y fulgorosa lumbre!

 ¡La aparición de la triunfante luna
 en el azul más claro del vacío,
 que con serenos rayos la laguna
 argenta y la montaña y selva y río...
 La misteriosa oscuridad que aduna
 tal vez la noche en su recinto umbrío,
 mientras del mar en la tiniebla oculto
 ¡resuenan los gemidos y el tumulto!...

 Las nebulosas noches en que vela
 el firmamento sombra vaporosa,
 cuando la luna trémula rïela
 en la mar alterada y tenebrosa,
 y su argentada rutilante estela
 sigue el vaivén del onda silenciosa...
 ¡Y en el alma se eleva, conmovida,
 como el recuerdo de otra augusta vida!

 ¡Las montañas inmobles y severas
 que se reflejan en el hondo lago,
 cuyo luciente espejo auras ligeras
 tan sólo agitan, en amante halago;
 sus ondas que en las plácidas riberas
 lentas expiran con murmullo vago;
 los nevados que elevan a lo lejos
 sus cúpulas de fúlgidos reflejos!...

 Los azulados pálidos albores
 de la aurora en los valles indecisa;
 el amante susurro de las flores
 que el soplo inclina de la fresca brisa;
 de la escondida frente los rumores;
 de los cielos la fúlgida sonrisa;
 la blanca nube que en su fondo rueda;
 la tórtola que gime en la arboleda...

 Del panorama espléndido del mundo
 cada aspecto magnífico y diverso,
 cada acento sonoro o gemebundo
 del himno augusto en la creación disperso,
 de un sentimiento incógnito y profundo
 llenan su corazón; y al universo
 estrecha su alma con gigante abrazo,
 ¡y unirse quiere en perdurable lazo!

 ¡Perpetuamente contemplar quisiera
 de la tierra y los cielos la hermosura;
 y, siguiendo en su rápida carrera
 a la gloria e inmortal natura,
 al revolver de la celeste esfera,
 en éxtasis de amor y de ventura,
 del éter por las vastas soledades
 atravesar con ella las edades!

 ¡De la ley de la muerte vencedora,
 gozar quisiera de inexhausta vida,
 sin noche, sin ocaso y sin aurora,
 sin término, ni valla, ni medida!
 ¡Y la infinita sed que la devora
 así saciando, al universo unida,
 su espíritu fundiéndose en su esencia,
 abismarse en la cósmica existencia!...

 ¡Que es la vasta creación, con los fulgores
 de sus eternos astros, con la orquesta
 de sus seres, y cantos y rumores...
 el coro inmenso, la perpetua fiesta
 entre la cual, la humanidad, de flores
 marcha ceñida, y a morir dispuesta!
 ¡Ifigenia inocente y resignada
 ante ignota deidad sacrificada!

 ¡Comprende que es inútil su esperanza!
 ¡Que -blanco de la cólera tremenda
 del destino implacable o la venganza,
 o ante su altar propiciatorio ofrenda-,
 por fuerza oculta arrebatado avanza
 gimiendo el hombre en la terrestre senda,
 a cuyo fin le espera silenciosa
 la universal y sempiterna fosa!...

 ¡Oh indecible dolor!... ¡Oh desventura
 eterna, inevitable e infinita!
 ¡Contradicción fatal! ¡Ley de amargura
 a nuestra raza mísera prescrita!...
 Si por doquier a la infeliz criatura
 su propia y triste condición limita,
 ¿por qué esta sed que nos devora interna
 de amor, de vida y venturanza eterna?

 ¿Por qué esta ansia de espíritu gigante
 puesta en un ser efímero y mezquino?
 ¿Por qué este anhelo inmenso e incesante
 de lo eterno, inmortal y lo divino,
 si el sueño irrevocable de un instante
 sólo es la vida que le dio el destino;
 niebla que en el azul del firmamento
 veloz agrupa y desvanece el viento?

 ¡No! Armada de la séptuple coraza
 de firme voluntad el alma fuerte,
 el golpe esperarás con que amenaza
 tu inerme seno la infalible muerte,
 ¡oh, tú, de Adán desventurada raza,
 hija desheredada de la suerte!
 ¡Y le opondrás la calma y la grandeza
 de tu heroica invencible fortaleza!

 De la enemiga tribu prisionero
 y próximo a sufrir muerte cruenta,
 atado al tronco el índico guerrero
 las breves horas de su vida cuenta;
 inmóvil, silencioso y altanero,
 no a sus contrarios apiadar intenta;
 su suerte acepta; y de la turba impía
 desdeñoso la saña desafía;

 en lo pasado engólfase su mente
 largo tiempo, al rumor que en la enramada
 forma el viento que le habla tristemente
 de su selva, su choza y de su amada...
 Levanta, alabo, la inclinada frente;
 centellante recorre su mirada
 de sus verdugos el salvaje coro...
 ¡y al fin entona un cántico sonoro!

 ¡Un cántico de muerte y de victoria!
 ¡Himno a la vez triunfal y plañidero!
 Que toda encierra la sangrienta historia
 de sus luchas de guerra en el sendero.
 ¡Apoteosis de su propia gloria!
 ¡Consolación de su suplicio fiero!
 En su labio crispado al fin expira...
 ¡y el cuerpo entrega a la inflamada pira!

 Así ¡oh tú, alma generosa y fuerte
 que el soplo alienta de viril potencia!
 aceptar debes de la adversa suerte
 la injusta cuanto bárbara sentencia;
 el aspecto cercano de la muerte
 mirarás con estoica indiferencia;
 ¡y, al morir, sin flaqueza y sin quebranto,
 entonarás tu funerario canto!

 Y en él dirás: de tus fugaces años,
 las luchas, los cuidados y dolores,
 incertidumbres, dudas, desengaños...
 de la instable fortuna los rigores;
 de la callada edad los lentos daños;
 de los seres más caros y mejores
 la inesperada eterna despedida,
 que extingue la mitad de nuestra vida.

 De invisibles contrarios el asedio
 en la terrestre encarnizada guerra;
 la ponzoña letal y sin remedio
 que allá en su fondo nuestra copa encierra;
 la creciente congoja y hondo tedio
 en nuestro triste viaje por la tierra...
 ¡y aquel amargo y desdeñoso acento,
 muriendo, arrojarás al firmamento!

 ¡Del propio crimen que nosotros, reo
 sufriendo atroz suplicio en la alta roca,
 no, de Jove, el antiguo Prometeo
 con viles ruegos la piedad invoca;
 encadenado el torso giganteo,
 cerró el silencio del desdén su boca;
 mas, sublime, lanzó, con frente enhiesta,
 a la eterna justicia su protesta!

 ¡Sí! que, al morir, elévese a lo menos
 el grito de la mísera criatura,
 y traspasando los etéreos senos,
 allá resuene en la celeste altura;
 que en los espacios mudos y serenos
 eterno vibre su eco de amargura...
 ¡y que después deshágase y sucumba,
 y en polvo caiga en ignorada tumba!




LA MONTAÑA (ROBERTO CARLOS)

Voy a seguir
Una luz en lo alto voy a oir
Una voz que llama voy a subir
La montaña y estar aún más cerca de Dios y rezar
Voy a gritar
Y este mundo me oirá y me seguirá
Todo este camino y ayudará
A mostrar cómo es este grito de amor y de fe

Voy a pedir
Que las estrellas no paren de brillar
Que los niños no dejen de sonreir
Que los hombres jamás se olviden de agradecer

Por eso digo
Te agradezco Señor un día más
Te agradezco Señor que puedo ver
Que sería de mí sin la fe que yo tengo en Ti

Por más que sufra
Te agradezco Señor también se lloro
Te agradezco Señor por entender
Que todo eso me enseña el camino que lleva a Ti

Una vez más
http://www.coveralia.com/letras/la-montana-roberto-carlos.php
Te agradezco Señor por otro día
Te agradezco Señor que el sol nació
Te agradezco Señor, nuevamente agradezco Señor

Por eso digo
Te agradezco Señor por las estrellas
Te agradezco Señor por la sonrisa
Te agradezco Señor, nuevamente agradezco Señor

Una vez más
Te agradezco Señor por un nuevo día
Te gradezco Señor por la esperanza
Te agradezco Señor, nuevamente agradezco Señor

Por eso digo
Te agradezco Señor por la sonrisa
Te agradezco Señor por el perdón
Te agradezco Señor, nuevamente agradezco Señor

Una vez más
Te agradezco Señor, por la esperanza
Te agradezco Señor por todo eso... 


Los pájaros se han desvanecido en el cielo

y ahora la última nube se disipa.

Nos sentamos juntos, la montaña y yo
hasta que sólo queda la montaña

Li Po


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