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CLAVOS




IMÁGENES DE LA PELÍCULA PINK FLOYD, THE WALL



Por un clavo se perdió una herradura,
por una herradura, se perdió un caballo, 
por un caballo, se perdió una batalla,
por una batalla, se perdió el Reino.
Y todo por un clavo de una herradura.

CANCIÓN POPULAR INGLESA
de un poema de 1651 recopilado por George Herbert
LOS INCURABLES (ALMAFUERTE CANTADO POR ALBERTO CORTEZ)


¡Più Avanti! (PEDRO B PALACIOS: ALMAFUERTE)

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo,
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...

¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!


EL CUENTO DEL CLAVO

— Yo no me clavaré en ninguna de estas maderas, dijo permaneciendo de pie como un bailarín inmóvil.
Por la noche, cuando el carpintero dormía, se fugó. Con astillas se hizo sandalias, con trapos viejos se cubrió el cuerpo.
— Yo no he nacido todavía para clavarme, pensaba mientras recorría y observaba ciudades y poblados fuera de la carpintería.
Al poco tiempo, descubrió que en la ciudad eran tantas las mesas maltratadas y se preocupó. Vio también sillas, camas y puertas que estaban dañadas, torcidas y muy doloridas. 
— Pensar que a mí me querían clavar en cualquier mesa y me iba a quedar ahí para siempre... y ahora veo todas estas cosas separadas, con clavos rotos y oxidados, y que viven con una gran condena. Nadie, se dijo, ningún carpintero se ocupará de ellas.
Él sabía cómo ocuparse de esas maderas pues lo había aprendido más allá y a lo lejos, donde pocos han llegado.


Una mañana, estando en el mercado, sintió el dolor de una mesa muy debilitada soportando el peso de unos cuantos tomates, frutas y kilos de papas. Casi todos los clavos estaban retorcidos y a punto de romperse. Con mucha cortesía, se le acercó.
— No hagas tanta fuerza para mantenerte unida. Deja que tus clavos caigan. Sentirás alivio en las maderas y cuando estés caída podrás recuperarte.
La mesa, sorprendida por la delicada voz, respondió.
— Si hago lo que tú dices, mis clavos terminarán abandonados y mis maderas desparramadas o tiradas al fuego.
El Clavo dijo:
— Tus clavos antes de ser tuyos fueron de alguna pieza más grande de hierro, esa pieza fue una parte de otra, hasta llegar a la gran pieza de hierro del mundo de donde vienen todos los clavos. Tus maderas, antes de ser tuyas, fueron de un árbol. Y los árboles antes de ser árboles fueron un solo árbol en medio de un jardín. Pasaron los años y los días y poco a poco los clavos se juntaron con las maderas y fueron apareciendo mesas como tú, sillas, camas y cuántas cosas más. Durante un tiempo fuiste fuerte y podías aguantar esas pesadas verduras, pero el tiempo fue pasando y los clavos y las maderas ya cumplieron contigo. ¿Para qué quieres seguir así? ¿Para qué ser una mesa encorvada?
— ¿Y qué será de mí?
—Ya verás. Deja de ser mesa, vuelve a la madera del primer árbol, deja que todo caiga.
La pobre mesa no alcanzó a comprender.
— ¿Para qué?, preguntó.
—Hay tantas otras mesas y sillas que tienen el mismo dolor que tú, que ya no sirven para nada, que ya cumplieron.
—No, yo necesito un carpintero que arregle mis clavos torcidos y que junte mis maderas separadas para volver a ser la que fui, insistió la mesa.
—No, ni todos los carpinteros del mundo podrán volver a reunirte. Con tanta firmeza lo dijo que la mesa quedó asustada.
De pronto el verdulero apoyó unos cuantos kilos de frutas y la mesa se derrumbó. En mil pedazos se partió. Entre sí se miraron los pedazos; se pusieron de pie y arrancaron a caminar en silencio mirando al Clavo con una alegría obediente. Recorrieron juntos pueblos magníficos, cruzaron ríos de aguas saladas y subieron montañas asombrosas. Pedazos de madera de todas partes y colores, clavos de todos los tamaños, doblados y torcidos pero de a pie avanzando y el mundo los veía pasar.

Los carpinteros advertían lo que estaba pasando. Opinaban furiosos sin saber por qué.
— ¿Quién es ese Clavo?, se preguntaban paralizados. —¿De dónde viene? ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué hacen esos pedazos de madera?
Todo aquello era una gran confusión para esos carpinteros. Una fabulosa noche de lluvia, se reunieron.
— ¡Tenemos que clavar ese clavo en alguna madera!
— ¿Y cómo haremos?, preguntó uno de los más tímidos.
— Hay que tenderle una trampa. Vamos a construir una mesa engañosa con clavos torcidos y maderas viejas. La pondremos en algún mercado con muchas frutas encima; cuando se acerque le daremos un martillazo hasta clavarlo del todo. Después la prenderemos fuego.
Así hicieron, le tendieron la trampa, pero el Clavo ya lo sabía. 
Así fue como llegó al mercado y se arrodilló a los pies de la mesa.
— ¿Qué te ocurre? 
Le costó mentir y se puso roja como el fuego, tan roja se puso la mesa, tan avergonzada de mentirle que comenzó a incendiarse.
— ¡Fuego! ¡Fuego!, gritaban en el mercado.
Todos salieron corriendo pero sólo el Clavo fue en busca de agua para apagar ese fuego.
Los carpinteros se miraban con torpeza y bajaban los ojos al piso con temor. Murmuraban en voz baja: 
—Ha salvado a la mesa…ha salvado a la mesa…

Al Clavo (perseguido por los desesperados carpinteros) le pareció hora de irse. Fue al desierto a recogerse. Y se hizo a sí mismo una consulta verdadera:
—¿Y si vuelvo a la carpintería donde nací y dejo que mi carpintero me clave donde ÉL quiera? Así pensaba y así pasaban los días y las noches y el viento soplaba en el desierto y el Clavo ya sabía. Pero lo sabía por dentro, nadie más que él lo sabía. Decidió volver a la carpintería y mezclarse entre maderas y clavos como uno más.
Pero había allí doce clavos y tres pequeñas mesas que lo reconocieron. Todos se aguantaron en silencio porque sabían y no sabían lo que iba a pasar. Las tres lloraban; los doce vigilaban. Iba a clavarse como uno más, no por él sino por todos, porque él sabía que era uno entre todos.
Allí estaba manso y esperando, cuando su carpintero decidió acabar de construir una cruz de madera. Necesitaba de un clavo fuerte, valiente y poderoso, ya que esa cruz era su cruz. Era la cruz del mundo. Y buscó entre los clavos que había y eligió. Los doce miraban en silencio, y como estaban torcidos, parecía que se habían arrodillado alrededor de la cruz. Las tres se cubrían de lágrimas.
De pronto se escuchó un clamor y un lamento fuerte en medio de una tormenta. El Clavo ahora exacto en medio de la Cruz. Y de la Cruz caían lágrimas porque le habían dolido los golpes del martillo pero no estaba arrepentido.

Pasaron entonces tres días. Pasaron entonces tres interminables noches. Fue increíble y misterioso porque todo se oscureció de golpe y la cruz desapareció.

Algunos dicen que el Clavo había vuelto pidiendo que no lo tocaran porque todavía los dolores del martillazo no lo abandonaban del todo.
¿Y quiénes lo vieron? No se sabe, pero la verdad es que algunos pocos lo vieron, lo ven y lo verán por todas partes, en las estrellas lejanas, en los mares remotos, en las montañas más altas y en los niños más pequeños, porque escondido está para que todos lo busquen
LOS MIL CLAVOS DE MI CRUZ (MARTÍN ELÍAS)
Voy a ver si es que sacas de este juego al perdedor 
Sin querer yo fui un man aventurero antes de ti 
Quise dar lo más hermoso de mi vida y recibí 
Golpe a golpe al corazón hasta que te conocí 

Voy a ver si es que puedo jugar mi alma por tu amor 
No es normal que después de tanta pena pude amar 
Pero miren al campeón de lo imposible aquí otra vez 
Terco iluso pero se que por ti puedo intentar 

Mil canciones dieron fe 
Del camino que emprendí 
De las piedras que encontré 
Lo que me costo vivir 

Mil lecciones aprendí 
Siempre me agarre de dios 
Fue mas fuerte que el dolor 
Se acabo cuando te vi 

yo vine a pedir permiso pa poder entrar en tu pecho 
yo vine a cantarte amores si tu me das el derecho 

ojala y tu fueras miel, ojala y tu fueras luz 
pa que arranques de una vez los mil clavos de mi cruz 
pa que arranques de una vez los mil clavos de mi cruz 

voy a ver si consigo darle rienda al buen vivir 
ya tire cuatro barajas como buen apostador 
en el juego de la vida arriesgo todo y voy por ti 
solo es vencer o morir y tu eres mi salvación 

voy a ver si mi suerte cambia y gira a mi favor 
que se enreden las palabras al que vaya a hablar de mi 
yo se que fui mujeriego pero el tiempo me ajuicio 
solo queda un soñador que ve su esperanza en ti 

voy a desafiar al tahúr 
mas experto y mas ladrón 
mi mejor carta eres tu 
pa enfrentarme a un batallón 

voy a llevarte a vivir 
lejos del mundo y en paz 
casa blanca y un jardín 
allá por mi patillal 

yo vine a pedir permiso pa poder entrar en tu pecho 
yo vine a cantarte amores si tu me das el derecho 

ojala y tu fueras miel, ojala y tu fueras luz 
pa que arranques de una vez los mil clavos de mi cruz 
pa que arranques de una vez los mil clavos de mi cruz 
UNA VEZ TUVE UN CLAVO (ROSALÍA DE CASTRO)

Una vez tuve un clavo 
clavado en el corazón, 
y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo 
de oro, de hierro o de amor. 
Sólo sé que me hizo un mal tan hondo, 
que tanto me atormentó, 
que yo día y noche sin cesar lloraba 
cual lloró Magdalena en la Pasión. 
"Señor, que todo lo puedes 
-pedile una vez a Dios-, 
dame valor para arrancar de un golpe 
clavo de tal condición." 
Y diómelo Dios, arranquelo. 
Pero... ¿quién pensara?... Después 
ya no sentí más tormentos 
ni supe qué era dolor; 
supe sólo que no sé qué me faltaba 
en donde el clavo faltó, 
y tal vez... tal vez tuve soledades 
de aquella pena... ¡Buen Dios! 
Este barro mortal que envuelve el espíritu, 
¡quién lo entenderá, Señor!...

UN CLAVO SACA A OTRO CLAVO (CORAZÓN SERRANO)
Hoy me encuentro padeciendo y nadie sabe el porque , 
el hombre que tanto amaba se burlo de mi con otra se marcho 
el me abandono llorando me dejo 
todo mi amor le he mostrado él no supo valorar no le importa cuánto sufra 
pero ya se fue y que le vaya bien , no lo buscaré hoy me resignaré 

CORO 

ya no llorare por el , me buscare otro amor como dice el dicho clavo saca otro clavo te reemplazaré , me resignaré 

Hoy me encuentro padeciendo y nadie sabe el porqué , 
el hombre que tanto amaba se burlo de mi con otra se marchó 
el me abandonó, llorando me dejó 
todo mi amor le he mostrado, él no supo valorar no le importa cuánto sufra 
pero ya se fue y que le vaya bien , no lo buscaré hoy me resignaré 

CORO 

ya no llorare por el , me buscare otro amor como dice el dicho clavo saca otro clavo te reemplazaré , me resignaré


EL CLAVO (PABLO BARATINI)

El clavo y el martillo
no se entienden,
no es justo
uno siempre pega
el otro soporta con firmeza,
mientras vemos
que el martillo se divierte
dando al clavo
golpe y golpe en la cabeza.
Triste destino lleva el clavo,
destino que al clavo no permite
en un acto solemne de justicia
tomarse del martillo su desquite.
Clavo,¡qué culpa habrás tenido
que a clavo fuiste condenado?
Es por eso
que la mano a mi me tiembla
cuando debo descargarle un martillazo.
Sin saber,
un sentimiento que no explico
mi dedo
pone en su reemplazo.

LE FALTA UN CLAVO A MI CRUZ 
VERSIÓN CHELO SILVA
VERSIÓN ALBERTO ÁNGEL CUERVO
Le falta un clavo a mi cruz 
pa' morir crucificado 
mis pobres ojos sin luz 
no miran ya mi pasado. 

 Me bebi mi propia vida 
en una copa mortal 
y por una sola herida 
se presentó lo fatal 

 Aquí estoy crucificado 
con tanta desilusión 
sólo me hace falta un clavo
 en todo el corazón. 

 Clávalo tu por favor 
para que acabe mi pena
 quiero morirme de amor
 porque esas muerte es muy buena

 Aqui estoy crucificado 
con tanta desilusión
 sólo me hace falta un clavo 
en todo el corazón. 

 Aqui estoy crucificado
 con tanta desilusión
 sólo me hace falta un clavo
 en todo el corazón.

UNA HISTORIA: LOS CLAVOS DE LA PUERTA


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