Poesia

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18.4.14

FANTASMAS


IMAGEN DEL FILM GHOST, LA SOMBRA DEL AMOR DE JERRY ZUCKER

FANTASMA (SAMUEL TAYLOR COLERIDGE)

Todos los rasgos y semejanzas tomadas de la tierra,

Todos los accidentes de la casta y el nacimiento han pasado;

No había rastros del azar en su rostro iluminado,

Alzado de la áspera piedra su espíritu era sólo suyo;

Ella, ella misma y solamente ella

Podía brillar a través de su cuerpo.

LOS FANTASMAS (LUIS EDUARDO AUTE)
Ya están aquí los fantasmas, 
Siempre los mismos fantasmas, 
Con sus montajes fantasmas, 
¡Vaya un tostón! 

Hay dos tipos de fantasmas que pululan orgullosos de su condición; 
Uno es el que tiene padre rico, herencia, fincas y una novia rebombón; 
Otro es el teórico-archivista-geniecillo-culterano de salón; 
Y también existen otros tipos de fantasmas, tal vez un montón o dos. 

El primero corre con el Porsche, caza, farda y tiene en Suiza un fortunón. 
Tiene un tío en el Gobierno, escudo de armas (no da golpe) y fina educación; 
Siempre tiene un cocktail, una boda y una cena, qué tremendo problemón; 
Se viste de play-boy, dice ciao y, "camarero, sírveme otro bourbon". 

El segundo es plurimarginado, está de adorno en una mesa de algún pub; 
Es un erudito, está en el ajo de las cosas, y en el quid de la cuestión; 
Va de arte y ensayo con cronómetro, cuaderno y fila quinta por favor; 
Todos son unos vendidos, menos él, que es puro y mártir de la incomprensión. 

Y todos somos fantasmas, 
No hay quien no sea un fantasma, 
Y el que no lo reconozca, 
...no lo será.

LOS FANTASMAS DEL DESEO (LUIS CERNUDA)

Yo no te conocía, tierra; 
con los ojos inertes, la mano aleteante, 
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, 
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces 
un tumulto sediento de postrarse, 
como huracán henchido aquí en el pecho; 
ignorándote, tierra mía, 
ignorando tu alentar, huracán o tumulto, 
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy 
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. 

Bien sé ahora que tú eres 
quien me dicta esta forma y este ansia; 
sé al fin que el mar esbelto, 
la enamorada luz, los niños sonrientes, 
no son sino tú misma; 
que los vivos, los muertos, 
el placer y la pena, 
la soledad, la amistad, 
la miseria, el poderoso estúpido, 
el hombre enamorado, el canalla, 
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; 
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, 
para llevar tu afán que nada satisface. 

El amor no tiene esta o aquella forma, 
no puede detenerse en criatura alguna; 
todas son por igual viles y soñadoras. 
Placer que nunca muere 
beso que nunca muere, 
sólo en ti misma encuentro, tierra mía. 
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, 
rizosos o lánguidos como una primavera, 
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos 
que tanto he amado inútilmente, 
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, 
en la tierra que aguarda, aguarda siempre 
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. 

Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes 
este mundo divino que ahora es mío, 
mío como lo soy yo mismo, 
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, 
como la arena, que al besarla los labios 
finge otros labios, dúctiles al deseo, 
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. 

Como la arena, tierra, 
como la arena misma, 
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. 
Tú sola quedas con el deseo, 
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, 
sino el deseo de todos, 
malvados, inocentes, 
enamorados o canallas. 

Tierra, tierra y deseo. 
Una forma perdida.
FANTASMA (LOS PIOJOS)
Voy cruzando las paredes de tu casa
Yo se bien lo que pensas, lo que te pasa
Vos creíste ver mi sombra en el espejo 
Vengo para amarte desde un mundo viejo 


Tan despacio estas sacándote la ropa 

La tristeza esta cambiándose de copa 

Ya no llamas ni a ese cura ni a esa bruja arpía 

Porque en esta casa siempre, serás mía 



Yo se lo que paso 

Por eso estoy acá 

Solo un fantasma soy 

Me emborracho con la esencia de tus vinos 

Y comparto tus cigarros asesinos 

Bailo cuando estas bailando entre la gente 

El mundo es tu mundo y solo esta en tu mente 



Che, che, decime porque 

Con un fantasma solo lo haces 

Che, che, decime por que 

Estamos juntos hoy otra vez 



Yo soy el espíritu que ronda en tu casa 

Yo se lo que pensas y lo que te pasa 

Che, che 



LA DANZA DE LA MUERTE (JOHANN WOLFGANG VON GOETHE)

El guardián miró hacia abajo en la medio de la noche:
Sobre las tumbas que yacen dispersas allí,
Con su luz plateada la luna llenaba el espacio,
Y la iglesia como el día parecía brillar,
Entonces vió, primero una tumba, y luego otra que se abría,
Y hombres y mujeres fueron vistos al avanzar,
Envueltos en pálidas y níveas mortajas.

Apurados por correr pronto doblaron los tobillos,
Girando en rondas y danzas tan alegres,
El joven y el viejo, el rico y los pobres.
Pero las mortajas les molestaban,
Y como la modestia no puede perturbarlos,
Se sacudieron, y pronto aparecieron los sudarios
Dispersos y confusos sobre las tumbas.

Entonces agitaron las piernas, estremecieron los muslos,
Mientras la tropa con extraños gestos avanzaba,
Los gritos y clamores se elevaron alto,
Hasta que el tiempo y la danza marcaron el mismo ritmo.
La vista del guardián parecía abrumada de maravillas
Cuando el villano Tentador le habló así al oído:
Aprovecha una de las mortajas que allí yacen.

Rápido como el pensamiento la tomó y huyó
Detrás del portal de la capilla a toda velocidad;
La luna seguía derramando su blanquecina luz
Sobre la danza que temerariamente se desarrollaba.
Pero los bailarines se fueron retirando uno a uno,
Y sus mortajas, mientras se desvanecían, reposaron,
Y bajo el césped todo estuvo tranquilo.

Pero uno de ellos tropieza y queda tendido allí,
E intenta alcanzar el sepulcro con desesperación;
Sin embargo, sus camaradas lo ignoraban,
Y él percibió el aroma del sudario en el aire.
Así que agitó la puerta, pues el guardián se protegía,
Para repeler al enemigo, bajo el bendito peso
De las cruces de metal.

El sudario debe conseguir, pues sin él no hay descanso,
Permaneció unos instantes reflexionando
Sobre los ornamentos góticos que el espectro ansiaba.
¡Pobre guardián! ¡Su destino está sellado!
Como una larga y espantosa araña, en súbito andar,
Así avanzaba el pérfido y espantoso gusano.

El guardián tembló, y la palidez lo sobrecogió;
Mientras el fantasma buscaba su sombría mortaja,
Cuando al final (ahora nada puede salvarlo)
En un diente de hierro fue capturado,
Cuando el luctuoso brillo de la luna se apagaba,
Cuando sonoro estalló el trueno de la campana,
Desvaneciendo el esqueleto, deshecho en átomos.

FANTASMAS (CHARLY GARCÍA)
Los fantasmas no existen 
Esa es la verdad 

Ya lo que quisiste 
Y nadie es feliz 

Los fantasmas no existen 
Desde el mas aya 
Fantasmas pusiste 

Podes vivir en mí 
Poder vivir con un fantasma 
Podes vivir aquí 
Podes vivir con los demás 

El falcón verde que usabas para pasear 
Paso de moda no existe más 
Con dos de eso y un poco de sprite 
Algo limusinas van a pasar 

Los fantasmas no existen 
Esa es la verdad 
Ya lo que quisiste 

Los fantasmas no existen 
Esa es la verdad 
Ya lo que quisiste 
Y nadie es feliz 

Un día van a llorar 
Un día van a llorar 
Un día van a llorar
LAS VOCES SILENCIOSAS (JOSÉ ASUNCIÓN SILVA)

¡Oh voces silenciosas de los muertos!
Cuando la hora muda
y vestida de fúnebres crespones,
desfilar haga ante mis turbios ojos
sus fantasmas inciertos,
sus pálidas visiones...
¡Oh voces silenciosas de los muertos!
En la hora que aterra
no me llaméis hacia el pasado oscuro,
donde el camino de la vida cruza
los valles de la tierra.
¡Oh voces silenciosas de los muertos!
Llamadme hacia la altura
donde el camino de los astros corta
la gélida negrura;
hacia la playa donde el alma arriba,
llamadme entonces, voces silenciosas,
¡hacia arriba!... ¡hacia arriba!...

EL FANTASMA (ÁRBOL)
Salgo volando por la ventana 
Y tantos días quedan atrás 
Ya no me duelen todas las cosas 
Que ayer me podían molestar. 
Son cajones que se cierran 
Para que nadie los vea 
Son palabras que no pude decir. 
Pero ya no me importa 
Porque nada me toca 
Y no hay nada vivo dentro de mi 

Floto en el aire desde esta tarde 
Cuando mi cabeza exploto 
Ahora el piso es de nubes me asomo cada tanto 
A espiarte desde donde estoy 

Y veo, 
Y vuelo… 

El barrio se ilumina y la noche se hace dia, 
Brilla como un árbol de navidad 
Y estoy alto, muy alto y las luces de los autos 
Que se frenan cada tanto y vuelven a arrancar. 

Y veo…a la gente corriendo 
Como una coreografía sin fin 
Y vuelo….como en una avioneta 
El olor a fugazeta que cocina mamá, 
Y me acuerdo de aquel día en que me decías 
“si pudieras ser un pájaro que harías?” 

Ahora que floto y no siento lo que toco, 
Y la gente no me ve pasar… 
Voy a aprovechar para ir a buscarte 
Y contarte como es todo por acá 

Algunas mañana pasa la abuela Yolanda 
Y nos vamos juntos a pasear 
Y te manda saludos el marido de pocha 
Que me juega al ajedrez y no le puedo ganar 

Y dale para adelante con el pibe de a la vuelta 
Que a la tarde te paso a visitar 
Yo te digo esperando porque nada me apura 
Y algún día todos vienen para acá. 

Y veo... 
Y vuelo... 
Y veo... 
Y vuelo... 
Y veo... 
Y vuelo... 
Y lloro... 
un poco...
SI LA MUERTE ES AMABLE (SARA TEASDALE)

Si la muerte es amable, y puede que haya un retorno,
volveremos a la tierra alguna noche fragante,
y tomaremos estos caminos para encontrar el mar, y girando
respirar la misma azalea, baja y blanca.

Bajaremos de noche a esas playas resonantes,
y al extenso, delicado trueno del océano,
aqui por una sola hora en la amplia luz de las estrellas
seremos felices, pues los muertos son libres.

BRILLAN LOS FANTASMAS (CALLEJEROS)
Otra ronda suelto y sin promesas corro para volcar
siento que alguien tira en la tele que me van a ayudar
que bueno sería que alguién escuchara mis gritos 
todo por un vidrio roto que me vuelve a cortar.

Otra vez en las vias de Bonzi listo para colgar 
quieren, hacen rueda ,prenden fuego y se ponen a jugar / fumar
que bueno sería que alguien escuchara mis gritos 
todo por un vidrio roto que me vuelve a cortar.

Brillan los fantasmas y en la sombra quedo yo
se queman gargantas con la niebla y el calor
Brillan los fantasmas y en la sombra quedo yo 
se queman gargantas con la niebla y el calor.

LA BALADA DE LAS DAMAS DE ANTAÑO (FRANCOIS VILLON)

Dime ahora ¿en qué país se oculta
la Doncella Flora, la adorable romana?
¿Dónde yace Archipíada, y dónde Tháis,
las más elegante de las damas?
¿Dónde se esconde Eco, susurrando en qué oídos?
Ella, cuya Belleza era sobrehumana,
Sé que su voz flota sobre el mar y los ríos.

¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?

¿Dónde habita Heloisa, la juiciosa monja,
por cuya causa Abelardo, según dicen,
perdió la virilidad y abrazó la causa?
(Del Amor ganó tanto dulzura como infancia)
¿Y dónde -le ruego a usted- está la Reina
que la voluntad de Buridán poseyó,
arrojando su cuerpo exánime a las aguas del Sena?

¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?

La pálida Reina Blanche, Señora de los Lirios,
que con extraña voz de sirena cantaba-
Berta la de Gran Pie, Beatriz, Alice,
y Ermengarde, que en todo Maine reinaba-
y la buena Juana, princesa desatada,
en Lorraine conocida como Buena ama,
que en Rouen quemara al inglés impío;
Virgen soberana ¿dónde yaces guardada?

¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?

No, nunca preguntes, Justo Señor,
Cuándo se han ido, ni en qué oculto
sitio se encuentran las doncellas de antaño;
salvo que cantéis el conjuro de estos versos:

¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?

EL FANTASMA DE CANTERVILLE (SUI GENERIS)
CHARLY GARCÍA CON DAVID LEBON
VERSIÓN LEÓN GIECO
Yo era un hombre bueno 
si hay alguien bueno en éste lugar. 
Pagué todas mis deudas, 
pagué mi oportunidad de amar. 

Sin embargo, estoy tirado, 
y nadie se acuerda de mí, 
paso a través de la gente, 
como el fantasma de Canterville. 

Me han ofendido mucho 
y nadie dio una explicación. 
Ay! si pudiera matarlos, 
lo haría sin ningún temor. 

Pero siempre fui un tonto 
que creyó en la legalidad 
ahora que estoy afuera, yo sé lo que es la libertad. 

Ahora que puedo amarte 
yo voy a amarte de verdad, 
mientras me quede aire, calor nunca te va a faltar, 
y jamás volveré a fijarme en la cara de los demás. 
Esa careta idiota que tira y tira para atrás. 

He muerto muchas veces 
acribillado en la ciudad, 
pero es mejor ser muerto que un número que viene y va. 

Y en mi tumba tengo discos 
y cosas que no te hacen mal. 
Después de muerto, nena, 
vos me vendrás a visitar.
LA APARICIÓN (JOHN DONNE)

Cuando por tu despecho, ¡oh inmoladora!, esté muerto,
y libre te creas ya de todos mis asedios,
vendrá entonces mi espectro hasta tu lecho
y a ti, vestal farsante, en ajenos brazos te hallará. 
Dudará entonces tu enfermiza llama,
y aquel, tu entonces Dueño, fatigado ya,
si te mueves, o intentas alzarlo con pellizcos,
pensará que clamas por más,
y en simulado sopor te rehuirá,
y entonces, álamo tembloroso, menospreciada, abandonada,
te bañarás en gélido sudor de azogue,
espectro más real que el mío propio.
Lo que diré no he de decirlo ahora,
no vaya eso a protegerte. Desvanecido ya mi amor,
antes quisiera verte con dolor arrepentida
que, por mis amenazas, inocente.

UN PAR DE FANTASMAS (INDIO SOLARI)

Sangra tu famoso y sexy corazón, 
todos lo van a saber por la TV.
Tu secreto se derrama.

¡Dios! Todo el mundo se va a enterar así.
La mejor manera de vengarse de vos.
Acabado, ya sos nadie.

Éste es tu último show
y estás tan ciego.

Vos tenías grandes planes hasta ayer 
y no queda nada palpitando en vos.
Acabado, ya sos nadie.

Y un par de fantasmas allí, 
se aburren y esperan que salgas del club.
Vas bebiendo con extraños.

Éste es tu último show 
y estás tan ciego.

Éste es tu último show 
y estás tan ciego.

Una linda atmósfera cargás 
con todos tus gusanos te vas a encamar.
Un calvario, con fantasmas.

Aplausos descuidados empiezan a batir, 
los fotógrafos hacen como que no te ven.
Vas bebiendo con extraños.

Éste es tu último show 
y estás tan ciego.

LA NOVIA DEL MAR (HOWARD PHILLIP LOVECRAFT)

Negro telar de riscos, tierras altas detrás de mí,
Oscuras son las arenas de la distante costa;
Sombríos son los caminos rocosos que me recuerdan
Con tristeza los días perdidos en el Nunca Más.

Suaves, las olas del océano acarician las rocas,
Dulce y familiar es aquel sonido hondo;
Aquí, con su cabeza sobre mi hombro
He caminado con Unda, La Novia del Mar.

Brillante fue la aurora de mi juventud cuando la conocí,
Dulce como la brisa que sopla sobre la hierba.
Rápido fui capturado en las más sólidas cadenas del Amor,
Era feliz estando aquí, y Ella era feliz conmigo.

Nunca le pregunté por dónde había vagado,
Nunca me preguntó por mi pasado:
Felices como niños: no pensamos ni soñamos,
Sólo disfrutamos de la abundancia de la tierra y el océano.

Cuando la luz de la luna tocó su suave melodía,
Alta en el acantilado, sobre las aguas que contemplamos,
Su cabello fue atado con una guirnalda de sauces,
Desplumado en la fuente de un bosque encantado.

Extrañamente, ella miraba aquel vaivén repentino,
Deslumbrada ante la luz, encantada por el sonido:
Entonces las olas de salvaje aspecto la reclamaron,
Severas como el océano y crueles como la noche.

Fríamente ella me dejó, sorprendido y llorando,
De pie, en soledad, entre las legiones que ella bendijo:
Hacia abajo, siempre abajo. A medias cayendo, a medias volando,
La dulce Unda robó los secretos malditos del mar.

La calma creció sobre las aguas, y los azotes tumultuosos
Fueron un monótono balanceo mientras Unda, la Hermosa,
Pasó por las arenas húmedas con afectuoso saludo,
Oculta para mí, ya nunca estuvo allí.

Largos años vagué por las rocas donde ella se desvaneció,
Altas lunas ascendieron y cayeron otra vez.
Gris rompió el alba hasta que la triste noche fue desterrada,
Mi corazón permaneció allí, con su infinito dolor.

He recorrido el amplio mundo en busca de mi amada;
Vagué por el lejano desierto y las distantes aguas.
Hasta que sobre una ola, mientras la tormenta rugía,
Vislumbré un rostro que me embargó de calma y felicidad.

Nunca en mi inquietud he tropezado
Al buscar los pálidos destellos de mi camino.
Ahora me he extraviado donde las olas tiemblan,
De vuelta en el escenario del ayer abandonado.

¡Mira! La luna se alza roja sobre las brumas del mar,
Se eleva en una ominosa grandeza, digna de contemplar;
Extraño es su rostro, como mis torturados ojos que ven
Sobre el inabarcable reflejo de la luz y el azul.

Directo desde la luna, hasta la orilla donde estoy suspirando,
Surge un puente brillante, hecho de anhelos y diamantes.
Frágil puede ser, pero qué sencillo resulta intentarlo:
Vagar desde la tierra hasta el orbe de los sueños olvidados.

¿Qué rostro aparece bajo el luctuoso ojo de la luna?
¿He encontrado por fin a la doncella que huyó?
Sobre el puente delicado mis pasos se acercan,
Su fantasma de ternura acelera mi marcha.

Las corrientes me rodean, y suave me balanceo,
Lejos, sobre el sendero de la luna finalmente la veo.
Impaciente, a medias cayendo, a medias rezando,
Avancé hasta alcanzar aquella visión de la Gracia.

Las aguas murmurantes se cierran sobre mi,
Suave, la visión se acerca con ternura.
Mis hechos han concluido. Mi corazón reposa sin lugar,
A salvo eternamente con mi amada: La Novia del Mar.
LOS FANTASMAS DE CARNAVAL (KEVIN JOHANSEN)
Cuando suena el último tambor...
y todos se fueron a dormir,
Fantasmas de Carnaval.

Cuando todo parece morir
y febrero ya se retiró,
ahí salimos a redoblar.

era ra eo x4

Esto no es el tango ford esport na na ná
esto se hace sólo por amor,
camisas a traspirar.

Resonancia y Reverberacion na na ná
son el pulso de nuestro latir,
Fantasmas de Carnaval

Y al regreso siempre volverá
del origen a lo original

era ra eo x4

Cuando ya no suena el tamboril na na ná
y el repique ya se la picó
ahí salimo' a redoblar

No creemo' en la reencarnación no no no
pero si en el recarnaval
y lo vamo' a demostrar

Y el regreso de los muertos vivos
de una murga más
que le quita el paso de los años
a este gran ritual

Y el regreso de los muertos vivos
de una murga más
que le quita el paso de los años
a este carnaval

era ra eo x8

Sólo un niño parece escuchar
el rumor de un lejano cantar
y el solito lo va a ver pasar
los fantasmas se van a ensayar

na na na na na na na na na, na na ná
Fantasmas de carnaval..
Fantasmas de carnaval
No creemos en la reencarnación
pero si en el recarnaval
era ra eo ... 



HERMOSA ELEONOR (WILLIAM BLAKE)

La campana dio la una estremeciendo la torre silenciosa.
Las tumbas entregan sus muertos: la hermosa Elenor
ha pasado junto al portal del castillo y, deteniéndose,
mira a su alrededor.
Un lamento sordo recorrió las siniestras bóvedas.

Gritó fuerte y rodó por los peldaños.
Sus mejillas pálidas dieron contra la roca yerta.
Nauseabundos olores de muerte
escapan como de un lóbrego sepulcro.
Todo es silencio, salvo el suspiro de las bóvedas.

La helada muerte retira su mano, y la doncella revive.
Asombrada se encuentra de pie,
y como ágil espectro, por estrechos corredores anda,
sintiendo el frío de los muros en sus manos.

Retorna la fantasía y piensa entonces en huesos,
en cráneos que ríen,
y en la muerte corruptora envuelta en su mortaja.
No tarda en imaginar hondos suspiros,
y lívidos fantasmas que por allí se deslizan.

Al fin, no la fantasía, sino la realidad,
atrae su atención. Un ruido de pasos,
de alguien que corre, se acercan. Ellen se detuvo
como una estatua muda, helada de terror.

El condenado se acerca gimiendo: "El mal está hecho;
toma esto y envíalo por quien fuere.
Es mi vida. Envíalo a Elenor.
¡Muerto está, pero clama tras de mí, sediento de sangre!"

¡Toma!, exclamó, arrojando a sus manos
un paño húmedo y envuelto. Luego huyó
gritando. Ella recibió en sus manos
la pálida muerte y le siguió en alas del espanto.

Atravesaron presurosos las rejas exteriores.
El desdichado, sin dejar de ulular, saltó el muro, cayendo al foso
y ahogándose en el cieno. La hermosa Ellen cruzó el puente
y oyó entonces un tétrica voz que preguntaba: ¿Lo has hecho?

Como herida y frágil gacela, Ellen corre
por la llanura sin caminos. Como aérea flecha nocturna
hacia la destrucción, desgarrando la oscuridad,
huye del terror hasta volver al hogar.

Sus doncellas la esperaban. Sobre su lecho cae,
aquel lecho de alegrías donde en otro tiempo su Señor
la abrazara.
¡Ah, espanto de mujer!, exclamó, ¡Ah, maldecido duque!
¡Ah, mi amado Señor! ¡Ah, miserable Elenor!

¡Mi Señor era como una flor sobre las sienes
del lozano mayo! ¡Ah, vida, frágil como la flor!
¡Oh, lívida muerte! ¡Aparta tu mano cruel!
¿Pretendes acaso que florezca para adornar
tus horribles sienes?

Mi Señor era como una estrella en lo alto de los cielos,
arrastrada a la Tierra mediante hechizos y conjuros;
mi Señor era como los ojos del día al abrirse,
cuando la brisa de occidente danza sobre las flores.

Pero se oscureció. Como el mediodía estival,
se nubló; cayó como el majestuoso árbol talado;
moró entre sus hojas el aliento de los cielos.
¡Oh, Elenor, débil mujer abatida por el infortunio!

Tras hablar así levantó la cabeza,
viendo junto a ella el ensangrentado paño
que sus manos trajeron. Entonces, diez veces
más aterrada, vio que sólo se desenvolvía.

Su mirada estaba fija. La sangrante tela se abre
descubriendo a sus ojos la cabeza
de su amado señor; amarillenta y cubierta
de sangre seca, la cual, tras gemir, así habló:

Oh, Elenor, soy lo que queda de tu Señor
que; mientras reposaba sobre las piedras
de la lejana torre,
fue privado de la vida por el miserable duque.
¡Un villano mercenario cambió mi sueño en muerte!

¡Oh, Elenor, cuídate del perverso duque!
No le des tu mano, ahora que muerto yazgo.
Tu amor busca quien, cobarde y al amparo de las sombras
invita rufianes para arrebatarme la vida.

Ella se dejó caer con miembros yertos,
rígida como la piedra.
Tomando la ensangrentada cabeza entre sus manos,
besó los pálidos labios. No tenía lágrimas que derramar.
La llevó en su seno y lanzó su último gemido.
LOS FANTASMAS DEL ROXY (JOAN MANUEL SERRAT)
Sepan aquellos que no estén al corriente 
que el Roxy, del que estoy hablando, fue 
un cine de reestreno preferente 
que iluminaba la plaza de Lesseps. 
Echaban NO-DO y dos películas de esas 
que tu detestas y me chiflan a mi, 
llenas de amores imposibles y 
pasiones desatadas y violentas. 
Villanos en cinemascope. 
Hermosas damas y altivos 
caballeros del sur 
tomaban el té en el Roxy 
cuando apagaban la luz. 
Era un típico local de medio pelo 
como el Excelsior, como el Maryland 
al que a mi gusto le faltaba un gallinero 
con bancos de madera, oliendo a zotal. 
mirándose en sus ojos claros 
y el patio de butacas 
aplaudió con frenesí 
en la penumbra del Roxy 
cuando ella dijo que sí 
Yo fui uno de los que lloraron 
cuando anunciaron su demolición 
con un cartel de: "Nuñez y Navarro 
próximamente en este salón" 
En medio de una roja polvareda 
el Roxy dio su última función 
y malherido como King-Kong 
se desplomó la fachada en la acera 
y en su lugar han instalado 
la agencia número 33 
del Banco Central 
Sobre las ruinas del Roxy 
juega al palé el capital 
Pero de un tiempo acá, en el banco, ocurren cosas 
a las que nadie encuentra explicación 
Un vigilante nocturno asegura 
que un transatlántico atravesó el hall 
y en cubierta Fred Astaire y Ginger Rogers 
se marcaban "el continental" 
Atravesó la puerta de cristal 
y se perdió en dirección a Fontana 
Y como pólvora encendida 
por Gracia y por La Salud 
esta corriendo la voz 
que los fantasma del Roxy 
son algo más que un rumor. 
Cuentan que al ver a Clark Gable en persona 
en la cola de la ventanilla dos 
con su sonrisa ladeada y socarrona, 
una cajera se desparramó 
Y que un oficinista de primera, interino 
sorprendió al mismísimo Glenn Ford 
en el despacho del interventor 
abofeteando a una rubia platino 
Así que no se espante, amigo, 
si esperando el autobús 
le pide fuego George Raft 
¡Son los fantasmas del Roxy 
que no descansan en paz!


LA SOMBRA (EDGAR ALLAN POE)

Vosotros los que leéis aún estaís entre los vivos, pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán extrañas cosas, y se sabrás cosas secretas, y pasarán muchos siglos antres de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no cran en él, y otro dudarán, más unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro.

El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si no me equivoco, el especial espíritudel cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad.

En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde adentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la luna, las cárdenas estrella y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos.

Estábamos rodeados por cosas que no puedo explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades intelectuales yacen amodorradas.

Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentabamos cada uno veía la palidez de su propio rostro y el resplandor de las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo – lleno de histeria-, y cantábamos las canciones de Anacreonte – llenas de Locura-, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre.

Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de las escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo!. Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo habá pagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Más aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaba fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos.

Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombre de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar.

Y, después de temblar un instante entre las colgaduras del aposento, quedó por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneción inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver como la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cual era su morada y su nombre. Y la sombra contestó:

"¡Yo soy sombra, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte!".

Y entonces los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, estremecidos, pálidos; porque el tono de la voz de la sombra no era el tono de un solo ser, sino el de una multitud de seres, y variando en sus cadencias de una sílaba a la otra, penetraba oscuramente en nuestros oídos con los acentos familiares y harto recordados de mil y mil amigos muertos.

1000 FANTASMAS (TORREBLANCA)
Para seguir haciéndonos los locos
quebrábase la voz
llenábanse los ojos de lágrimas

para consentirlo todo
lo que se te perdió
lo que no hice yo

para seguir cubriéndonos los ojos
bastaba ser veloz
para esconder tu verdadero rostro bajo de la sábana

para corregirlo todo
lo que no sucedió
¡porque no sucedió!

pobre de ti, pobre de ti
(dime lo que pasó)
todo lo das, nada te quedas y así
(siempre la misma historia)
y aquí ¡oh!
no pasa el tiempo
la gente miente
y hay algo que se rompió
y no sé, no entiendo porqué
la suerte otra vez la espalda nos dio...

vamos a ver 
que no se trata de ponerse mal
¿agresividad pasiva?
esa es mi especialidad
pero no quiero que tú pienses que no sé que en realidad
yo he sido víctima de mi propia manía de esperar y...
y que mis actos no son
reflejo de mi fragilidad
carencia de algo
o tedio de todo... 
son la sombra de mil fantasmas

pobre de ti, pobre de ti
pobre de ti, pobre de ti
pobre de ti, pobre de ti
(dime lo que pasó)
pobre de ti, pobre de ti

pobre de ti, pobre de ti
(dime lo que pasó)
todo lo das, nada te quedas y así
(siempre la misma historia)
y aquí ¡oh, no!
pasa el tiempo
la mente miente
y el orden nunca volvió
y no sé y no quiero saber
la suerte otra vez la espalda nos dio...

(y ve lo que pasó)
pasa el tiempo, la mente miente
y el orden nunca volvió
y no sé, no quiero saber
la suerte otra vez la espalda nos dio...

pasa el tiempo
la mente miente

EL AQUELARRE - FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES
EL FANTASMA DE LOS MUERTOS VIGILA - PAUL GAUGUIN
EL FANTASMA DE UNA PULGA - WILLIAM BLAKE
FANTASMA - SOLDADO ALEMÁN SEGUNDA GUERRA MUNDIAL - ERNEST DESCALS
IMAGEN DEL FILM CASPER DIRIGIGA POR Brad SilberlingPhil Nibbelink